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- Cuerpo & Alma -

Pareja: animarse a saltar

24 de junio de 2018

Asumir un compromiso en estos tiempos se torna casi como volar en parapente.

Por Guillermina Rizzo*

Está comprobado que los deportes extremos no son para todos. Si de lanzarse en parapente se trata se requiere tener en cuenta varios factores: conocimiento, destreza, coraje, el equipo, el clima, la geografía…

Pedro, José y Federico tienen ante sí la posibilidad única dentro del paquete turístico que han adquirido y están ansiosos de experimentar nuevas sensaciones. A excepción del instructor que se destaca por su seguridad, los estados que prevalecen son temor, deseos de huir, preocupación imaginando cuando estén en la cima de la montaña a punto de dar el gran salto.

¿Encontrar una pareja se ha tornado en algo extremo? ¿Enamorarse genera miedo y sentimientos de huida? ¿Asistimos a un cambio de modelos afectivos? ¿La pasión abrasadora del comienzo es como llegar a la cima de la montaña y no todos pueden lanzarse al compromiso?

Cuando dos personas se atraen e inician una relación, interactúan dos estilos afectivos, es decir dos maneras de expresar sentimientos, dos modos de amar; y si bien nadie siente y experimenta de forma idéntica, desde la Psicología se pueden establecer ciertos patrones.

John Bowlby fue pionero, posteriormente otros psicólogos abonan la teoría del apego, resaltando la importancia del vínculo emocional que desarrollan los niños con sus progenitores, ya que las distintas formas de querer están en estrecha relación con el estilo de vínculo predominante en la infancia y establecen cómo cada persona gestiona el apego, tornándose en una huella que se mantiene casi de por vida.

Así se pueden definir cuatro patrones o estilos: el temeroso tiene una necesidad de aprobación constante, baja confianza en sí mismo y en los demás, considera a las relaciones como un tema secundario entre sus prioridades, evita el contacto y la intimidad por temor al rechazo, desarrolla carreras exitosas porque ronda un fantasma: ¿qué pasa si la otra persona no se entrega como yo?

El estilo preocupado se identifica por una percepción negativa de sí mismo y de los demás, es dependiente y posee una preocupación excesiva por la aprobación y por entablar relaciones; en ocasiones es hostil y experimenta celos desmedidos.

El huidizo se caracteriza por querer concretar una relación, persigue a una persona como si fuera un cazador y se aleja luego de obtener la presa; huye, confundiendo su necesidad de retirada con la falta de amor y el disgusto a la intimidad. El seguro, a diferencia de los anteriores, disfruta de las relaciones interpersonales, tiene elevada autoestima y logra mantener un equilibrio entre la autonomía personal y las necesidades afectivas.

Asumir un compromiso en estos tiempos se torna casi como volar en parapente, pues si bien se trata de un planeador ligero y flexible se requiere poseer ciertos conocimientos y destrezas. Durante siglos se ponderó en demasía que solo se podía habitar este mundo estando en pareja, y compartir la vida con alguien para algunos es como un deporte extremo que difícilmente pueden practicar.

Joseph Conrad decía “creí que era una aventura y en realidad era vida”, el temor al compromiso tiene su origen en la inseguridad personal y suele traer consigo aislamiento o un sinfín de desaciertos.

Antes de “dar el salto” para ir al encuentro del otro es menester conocerse a sí mismo para emprender el vuelo liviano de equipaje, equilibrar el temor entre lo que se desea y los recursos emocionales de los que se dispone, comprender cómo ama y cómo desea ser amado amortigua los golpes y evita heridas en el corazón.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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