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La boda de Harry confirmó que la magia de Lady Di sigue intacta

19 de mayo de 2018

Una ceremonia que sorprendió y será recordada por siempre. Calidez, guiños y gospel.

<strong><em>Por María José Bonacifa (*)</em></strong>

La boda real entre el príncipe Harry y Meghan Markle era muy esperada en todo el mundo, pero nadie imaginaba lo que hoy iba a ocurrir en Windsor. Con un desbalance notorio por parte de la novia, quien tuvo como único apoyo a su madre, la presencia inglesa apabulló de entrada.

Todo hacía pensar que sería una “royal wedding” más, pero la irrupción del obispo Michael Curry, conocido por su lucha por la justicia racial, con su sermón sobre el amor que hizo brotar lágrimas y carcajadas dio la pauta de que todo sería diferente.

Y el remate con el coro tipo Gospel interpretando “Stand by me” fue el broche de oro para una ceremonia en la que espíritu de Lady Di estuvo presente en cada momento.

La falta de proporción entre los invitados de cada novio dio un golpe de timón y todo se convirtió en un gran homenaje a Meghan, un guiño a su cultura y una cálida bienvenida por parte de la corona más tradicional del mundo. Si bien en las redes se comentaba sobre un supuesto malhumor de la reina Isabel y los otros Windsor, es claro que nada de esto hubiese ocurrido sin la aprobación punto por punto del guión nupcial.

Nada de lo previsto sucedió: que si los sobrinos Charlotte y George le iban a quitar protagonismo a la novia, que si los escándalos con los hermanos y el padre de Meghan iban a opacar la fiesta…ninguno de los pronósticos agoreros se cumplió y fue una ceremonia que será recordada por siempre.

Seguramente todo los que estuvimos asistiendo a la transmisión recordamos a Diana Spencer, la reina de corazones y su amor por la música, por los desvalidos, por el pueblo. Una calidez sin demagogia y un decontracté elegante y sutil. Así fue todo y a pesar de la presencia de Camila (quien si esto fuera un cuento de Disney sería sin dudas la mala de la película), hasta el príncipe Carlos ha logrado con el tiempo una imagen más humanizada y serena.

Ver la complicidad de Willian y Harry al ingresar al templo y cómo se desarrolló todo resulta una sobredosis de calidez que es un acto de justicia, sobre todo recordando la imagen de esos nenes tan desamparados recorriendo aquel río de flores que los ingleses dejaron en los funerales de su madre.

Una carroza real que se aleja al ritmo del Gospel mientras la princesita Charlotte saluda a todos con su corona de flores. Mágico. La estela de Lady Di sigue ahí, multiplicada.

(*) Editora Ejecutiva de Perfil.com

 

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