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- Cuerpo & Alma -

¿Nos mudamos? Cómo hacer para que una pareja no fracase en el intento

7 de marzo de 2018

Por Kathrin Wesolowski (de la agencia DPA)

Al principio toda relación es un lecho de rosas, pero cuando una pareja decide vivir bajo el mismo techo pueden aparecer problemas del día a día que antes no existían. Muchas veces son las tareas más rutinarias y normales las que pueden disparar roces, como la limpieza, quién cocina, quién lava los platos o saca la basura. Créase o no, muchas relaciones empiezan a enfriarse con el tiempo por los desacuerdos en este tipo de cuestiones cotidianas.

Si estos puntos no funcionan, una de las partes suele sentirse incómoda y pensar que así no podrá vivir. Lo principal, por supuesto, es hablar de todos los problemas y poder plantear qué siente cada uno.

Tomemos el ejemplo de Andrés y Luisa, que buscaron un apartamento, viven juntos y esperan un niño. Ante la situación, evaluaron pocas opciones y eligieron mudarse al lado del apartamento de los padres de Luisa, que a su vez son los dueños de la propiedad.

Ya de por sí la situación no era ideal. Andrés dice que al principio no se sentía en casa y que eso lo llevó a no asumir tareas del hogar. Al mismo tiempo, le molestaba que Luisa fuese tan a menudo a casa de sus padres. “En esa fase de discusiones decidí irme del apartamento cinco días”, recuerda Andrés, que asegura que esa distancia ayudó a que la pareja viera la situación con cierta objetividad e intentara encontrar una solución.

Los especialistas consultados dicen que al tomar la decisión de compartir un techo y mudarse juntos, en los hombres suele primar el egoísmo, mientras que las mujeres se guían por una mayor predisposición a ceder para lograr consensos. Allí lo importante es lograr un equilibrio, porque la vivienda es fruto de lo que aporta cada una de las partes.

“El ‘nosotros’ consiste en dos ‘yo'”, reflexiona Luisa. Pero no siempre es así. Algunos expertos apuntan que la armonía o las chances de que este paso funcione también depende de cuánta vida diaria haya compartido la pareja antes de tomar la decisión de vivir juntos.

Al compartir un apartamento, también surgen los temas económicos. ¿Deberíamos tener una cuenta de los dos? Las respuestas son muy variadas, y los terapeutas tampoco tienen un consejo que encaje con todos. Hay quienes dicen que tener una cuenta común no necesariamente afianza la pareja. Muchos optan por tener una cuenta común para los gastos de alquiler y comida y dos cuentas separadas para los gastos individuales.

Otros sienten que si se va a compartir la vida, hay que compartir todo. Suele ser muy difícil mantener cuentas separadas cuando llegan los niños. Pero lo dicho: el dinero es un tema que cada pareja y cada persona maneja de un modo muy personal. Lo fundamental es que se acuerde con cierta anticipación cómo se manejará, porque si uno va y compra algo de cierto valor sin consultar, puede ser que el otro de pronto ponga el grito en el cielo.

Para muchas parejas los problemas comienzan incluso antes de dar el paso de la mudanza. Los miedos y las preocupaciones no les permiten tomar la decisión. En estos casos, los terapeutas suelen recomendar el salto al agua fría y asumir el riesgo de que no funcione. Muchas cosas no salen como uno querría, pero, de ser así, hay que pensar que todo suma experiencia de vida.

Eso sí: quienes sepan que dependen mucho de su pareja y que no pueden arreglárselas solos, deberían reflexionar sobre sí mismos antes de tomar grandes decisiones. Hay que ser realista y saber que el techo común traerá problemas que antes no existían. Lo fundamental es conversar, tener en cuenta los puntos planteados por el otro y estar dispuesto tal vez a cambiar o incorporar algunos hábitos nuevos.