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- Cuerpo & Alma -

Menos defensa personal, más goce

4 de febrero de 2018

Por: Guillermina Rizzo (*)

¡Confesiones!

Así como una modista advierte una costura desprolija, un arquitecto una falsa escuadra, un mecánico el ruido de un motor que no funciona bien, quienes nos dedicamos a las disciplinas “psi” podemos entender conductas, palabras, silencios y decodificar un abanico de gestos y microexpresiones. Si bien en el imaginario popular existe la falsa creencia que vamos por la vida analizando todo, le confieso que no es así.

¡Confesiones!

Hoy debo confesar que esta semana se desplegaron ante mí las páginas de Freud en todo su esplendor, es que algunas personas parecen “de manual”.

¡Confesiones!

Poseer ciertos saberes sitúa en el límite de la arrogancia y la omnipotencia, lejos estoy de ese sitial, los apuntes de Freud nos incluyen a todos; pues no existe persona sin conflictos y todos anhelamos el balance psicológico.

Los mecanismos de defensa fueron presentados por primera vez por Sigmund Freud en 1925, pero fue Anna, su hija, quien en 1973 profundizó sobre ellos realizando una clasificación exhaustiva.

Los mecanismos de defensa son las técnicas del inconsciente utilizadas para sobrellevar las consecuencias de vivencias muy intensas, o dicho en términos más psicoanalíticos, para superar los conflictos entre los instintos, de forma tal de mantener el equilibrio y en algunos casos evitar la angustia. Obviamente se utilizan a nivel inconsciente, analizarlos y “hacerse cargo” saca a cualquiera de su zona de comodidad.

El mecanismo conocido como proyección se manifiesta cuando aquello que es interno e inaceptable para nuestra conciencia, como ideas, sentimientos o creencias, son proyectados hacia otras personas u objetos. No hay diferencia entre lo propio y lo ajeno: cuando un sujeto experimenta bronca, en lugar de reconocerla, cree que los otros sienten bronca hacia él.

La negación se advierte cuando se abordan situaciones evidentes como si no existieran. El aislamiento consiste en aislar los hechos en la memoria, aislar el efecto y separarlo del contenido de un recuerdo; es el divorcio de los recuerdos y los sentimientos, frecuente en los hombres infieles que llegan con un regalo para la esposa luego de visitar a la amante.

La formación reactiva es un mecanismo que frena la aparición de un sentimiento doloroso, reemplazándolo por otro más agradable, es una forma de sobrellevar sentimientos no aceptados, aunque verdaderos. La racionalización permite sustituir una razón real e inaceptable por otra que resulte aceptable, matanzas se han perpetrado en nombre de algún dios.

La represión es la técnica que se activa cuando se pretende eliminar de la conciencia, ideas, deseos, pensamientos; a su vez interviene en todos los mecanismos de defensa, y como todos demandan un gran gasto de energía.

Estos mecanismos de defensa y otros más, derivan en una paradoja, porque si bien son protectores y permiten mantener un equilibrio ante ciertas situaciones, también logran que la conciencia se estreche imposibilitando el autoconocimiento y la búsqueda de estrategias más creativas de acción.

Como todo mecanismo inconsciente nos congelan en el tiempo y postergan el disfrute; si bien permiten tolerar situaciones, solo cuando se corre el velo, se despeja la mirada, se registran deseos, sensaciones y necesidades, aunque a veces doloroso, los conflictos se resuelven, deviene el goce y la plenitud. No es sencilla la tarea de hacer conscientes los mecanismos de defensa que residen en el inconsciente, vale el intento.

¡Confesiones! Sublimación es cuando el impulso se canaliza hacia una forma aceptable y derivada hacia un nuevo fin: ¿por eso escribo?

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo