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Signos y señales devenidos en deseos

31 de diciembre de 2017

Por Guillermina Rizzo*

La luz del semáforo en rojo implica que el automovilista debe frenar; un círculo que contenga una línea vertical y debajo un triángulo simboliza la paz. Las letras son signos, también lo son más, menos, división, entre otros.

Las señales, visuales, escritas, sonoras, corporales, señalan, indican, permiten, prohíben, avisan, informan; sin interpretación serían  inútiles, exceden los carteles, pues el universo y todo lo que hay en él está plagado de señales, algunos son síntomas.

Los símbolos son cualitativamente inversos o complementarios a las señales, manifestados en el mundo material a través de formas, apuntan hacia la psique del hombre y el mundo de las ideas. Los signos son exclusivamente humanos y son el vehículo para transmitir símbolos y señales.

El 31 de diciembre señala que culmina el año, los ringtones de los celulares indican que las redes pueden colapsar porque enviamos salutaciones y mensajes; símbolos de paz y prosperidad darán la vuelta al globo.

Termina el 2017 y es tiempo de recuentos, análisis, proyecciones y especialmente de deseos.

Utilizaré pocos signos numéricos pues lo cierto es que al momento de formular lo que considero “deseos Rouge” o “deseos Perfil” pienso más en momentos que me marcan que en cifras; me alcanza con que le haya sucedido a uno de mis semejantes como para que los deseos afloren.

¿Recuerdos? ¡Muchos! Alguno de ellos son señales que nos alertan, otros se constituyen en símbolos universales a imitar, otros son signos paradójicamente humanos de que algo no funciona bien Niña Mbya, desconozco su nombre, calma su sed en un pequeño de una plaza de Posadas: representa la niñez. Deseo que la infancia sea una cuestión de derechos y no un simple enunciado, que los más desfavorecidos vivan una vida digna donde el afecto, el aprendizaje y el juego sean los tiempos entre los que repartan su vida; y los más favorecidos no sean socializados con Internet, el televisor y los videojuegos. Deseo una niñez nutrida afectivamente.

Margarita Barrientos: representa a todos aquellos que no cuentan con un plato en su mesa y acuden a los comedores coordinados por personas solidarias y luchadoras. Deseo un sistema económico “con rostro humano” y fuentes de trabajo honrosas.

Anahí Benítez, nombre y apellido que aumenta las certeras cifras del horror: representa los femicidios y la violencia en todas sus formas. Deseo #NiUnaMenos.

Gabriel, 12 años, se suicida en Santiago del estero: representa el casi 40% de víctimas de bullying. Deseo que familia, escuela, Estado de una vez y por todas trabajen verdaderamente en este flagelo con consecuencias irreversibles y evitables.

Alicia Romero, fundadora de “Madres contra el paco”: representa la lucha contra el narcotráfico y las adicciones. Deseo adultos que se erigen como modelos válidos para que nuestros jóvenes no tengan una vida vacía, y puedan concretar proyectos.

Esther, mi abuela: representa a los ancianos. Deseo que sean considerados fuente de sabiduría y afecto y no engrosen las filas de los olvidados.

Francisco, Su Santidad: representa que para ser el líder del mundo y promover cambios profundos no se necesita un auto cero kilómetro, el último celular y discursos altisonantes. Deseo que muchos podamos imitar su humildad, lucidez y grandeza.

Deseo lo que la gran mayoría desea, aunque no puedo desear sin agradecer hoy quiero decirles gracias a ustedes mis queridos lectores; pues ustedes son los que le dan sentido a mi pasión y significado a mis letras. ¡Feliz 2018!

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo