Rouge

Rouge

- Cuerpo & Alma -

Amar y permanecer desde la lástima

17 de diciembre de 2017

Por Guillermina Rizzo.

¿Problemas de escritura o la escritura es un problema? Interrogante que selló la escolaridad de muchos.

Quienes siempre tuvieron dificultad para distinguir palabras agudas, graves y esdrújulas transitaron épocas en las que “el dictado” se convertía en una odisea y ubicar acentos se tornaba en una tómbola. Cuando no existía computadora ni corrector ortográfico, infancias y adolescencias transcurrían en un contexto en el que la “ortografía natural” donde se corresponde sonido y grafía, era inaceptable. Imposible resultaba declarar amor con un “te kiero”, viernes no era “vrns”, mañana no era “mñn” y lo “scrito” debía ser bien “escrito”.

Quienes asistieron a la escuela sin corrector ortográfico, y están en la plenitud de los 50 años tal vez están acechados por otros interrogantes: ¿Problemas de pareja o la pareja es un problema?
¿Perduran las relaciones a partir de la lástima?

Si comparamos al humano con otras especies se advierte vulnerabilidad; así la desprotección amerita la necesidad de la presencia de otros para poder desarrollarse y no quedar librado a la muerte física y simbólica. El bebé –no el “bebe”- a través del llanto y sus diversas intensidades comunica necesidades: frío, hambre, dolor, incomodidad. La aparición de la sonrisa y otros gestos se convierten en los recursos disponibles para interactuar con los otros y el mundo, recibiendo así aprobación y desaprobación; forma rudimentaria de comunicación para demandar, pedir y también dar-se; largo camino comunicacional que se irá complejizando y desarrollando a través del tiempo siendo esperable que disminuya la dependencia inicial para alcanzar mayores niveles de autonomía.

Así como un animal débil, herido o viejo es presa fácil para un depredador paradójicamente los seres más desprotegidos tienen ventajas sobre los más fuertes, pues alguien acudirá en su auxilio, y si no haga el intento de recordar una pelea entre hermanos. Quién se perpetúa en este modelo, y como reza la Psicología “las conductas se reiteran” tiene altas posibilidades de construir sus vínculos de pareja en base a este patrón, y como siempre “hay un roto para un descocido” surge una interesante combinación.

La persona codependiente a simple vista pareciera un “boy scout siempre listo” dispuesto ayudar. Disfruta resolviendo problemas ajenos, su felicidad consiste en satisfacer a su pareja tornándose indispensable; burda máscara que cubre la imposibilidad de hacerse responsable de sí mismo y de sus sentimientos.

La pareja perfecta para este ser enmascarado es una persona con baja autoestima, que demanda ser rescatada por alguien fuerte con dinero, poder y estabilidad emocional, vive atrapada en el pasado y con una excesiva ansiedad por el futuro. Invadida por sentimientos de soledad e incomprensión. Generalmente tuvo dificultades para alcanzar metas profesionales, siendo habitual que desarrolle enfermedades; el chantaje emocional es el recurso cotidiano para llamar la atención y retener al salvador compulsivo que todo lo resuelve.

Así se establece un círculo sin salida donde dos seres compatibles desde lo disfuncional quedan entrampados. Frases tales como “sin mi presencia ella no podría estar” y “no me dejes porque me muero” son los pilares en los que se sostiene este vínculo. Quien funciona como salvador seguramente no obtuvo el afecto de sus progenitores por el simple hecho de ser hijo, sino que tuvo que hacer esfuerzos por ganarse el cariño y la aprobación.

No es fácil, tampoco imposible hacerse cargo de los sentimientos, madurar emocionalmente y alcanzar la independencia. Es cuestión de poner el acento en registrar necesidades y goces propios; poner el acento y entender que estar por lástima junto a otro, lastima a ambos.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación.  | Twitter @guillerizzo