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- Cuerpo & Alma -

Cuando las fiestas no son festivas

13 de diciembre de 2017
Por: Sebastián Girona (*)  

 

¿Cuáles son los motivos más habituales de pelea en las familias?

En casi todas las familias se presentan algunos roces a la hora de pensar en la organización de las fiestas. Estos roces pueden aparecer puertas adentro de la familia o también en relación a la familia política. Un motivo muy habitual es quién pone la casa, o porque no hay nadie que la ofrezca o porque siempre es la misma casa y su dueño o dueña aprovecha para ejercer cierto poder. Otro conflicto habitual aparece en relación a la comida y al esfuerzo de cada uno. Algunos integrantes de la familia pueden llegar a mirar con lupa que cocina cada uno y pensar si todos hacen esfuerzos parecidos o alguno se esfuerza más que otro. Por otro lado también, algo que puede llegar a generar problemas es con quién la pasamos. En las fiestas se puede llegar a presentar la situación de que tenemos que pasarla con personas que no vemos en todo el año y que no forman parte de nuestra cotidianidad y eso por supuesto, lejos de aumentar la motivación, la disminuye.

¿Existe la obligación de estar bien?

Parecería circular por la sociedad el mandato de que tenemos que estar felices y contentos para estas épocas. La películas, las publicidades y los cuentos de alguna manera nos dan a entender que eso “es lo correcto” para esta época.

Lo cierto es que cada uno llega como llega a las fiestas y también es cierto que uno puede estar pasando un mal momento anímico en esta época del año. Me parece interesante desafiar este mandato social de que debemos estar bien y permitirnos estar como estamos de acuerdo a lo que nos esté pasando en ese momento.

¿Cuáles son los motivos que nos movilizan más en estas fechas?

Las fiestas y fin de año de alguna manera, más profundo o más sencillo, nos hacen hacer una suerte de balance acerca de cómo nos fue en el año o por lo menos pensar si fue un año bueno o un año malo. En ese momento se podría decir que nos evaluamos a nosotros mismos y esa evaluación puede resultar positiva o negativa.
Por otro lado también esta época suele ser un momento que nos confronta con la “presencia de la ausencia” es decir que estas fechas solemos acordarnos mucho más de los que ya no están y eso nos moviliza y nos pone más sensibles desde ya.

(*) Psicólogo especialista en vínculos.