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- Cuerpo & Alma -

Cuando la enfermedad beneficia

19 de noviembre de 2017

Cómo convivir con un enfermo crónico.

Por Guillermina Rizzo*.

Conozco personas que parecieran estar en el mejor de los mundos, viven como reina o reyes, son la envidia de sus vecinas. Mujeres que les llevan el desayuno a la cama, le cocinan, su marido se ocupa de los hijos, de las tareas escolares, su cuñada la peina, padres y suegros se encargan de las compras, además de un jardinero y una colaboradora para los quehaceres domésticos. Sin dudas un séquito cual cortesanos a disposición de ella a veces de ellos también.

Usted se estará imaginado que tal vez pertenecen a la realeza, son divas o estrellas, en este momento está elucubrando sobre las causas de tantos beneficios. Es simple, está “enferma”.

¿Se pueden obtener beneficios de una enfermedad? ¿Hay personas que prefieren mantener un diagnóstico adverso cuando ya no existe?

El concepto no es nuevo ni mucho menos novedoso, “el beneficio secundario de la enfermedad” es una expresión de origen psicoanalítico desarrollada por Freud a principios del siglo XX. Dicha expresión hace referencia a un sujeto que al estar enfermo o en una condición especial se vale de ello, adoptando una postura cómoda, evitando así realizar esfuerzos, enfrentar hechos y sobre todo cambiar; es la satisfacción directa o indirecta que un ser obtiene de ese estado que generalmente es transitorio.

Obviamente y ante un caso de enfermedad es habitual que los seres más cercanos ofrezcan contención, dosis adicionales de afecto y atenciones y haya una mayor colaboración, pasando a ser el centro de atención y teniendo a varios integrantes de la familia en jaque. Pero conozco casos de personas que habiendo recibido el alta médica o teniendo tal vez un diagnóstico “de por vida” que no inhabilita para llevar adelante una vida normal, desean seguir perpetuados, “adheridos” a la enfermedad o a la condición patológica para continuar gozando de beneficios.

Para los familiares del “enfermo” el desafío cotidiano reside en mantenerse sano y sobrellevando un sinfín de demandas, pues el ritmo se ve alterado por peticiones que llegan a través de WhatsApp, innumerables llamados telefónicos, interrupciones en las jornadas laborales, pues todo gira en torno al enfermo que en ocasiones sobrelleva “su enfermedad” narrándola en un muro, pues la atención también se la debe llamar a través de las redes sociales.

Así, se cae en un círculo vicioso, pues los familiares se agotan, reclaman espacios perdidos tales como reuniones con amigos, práctica de deportes, y quien se dice enfermo se “crea” nuevas
patologías para no perder las atenciones recibidas.

Para la Psicología este cuadro se denomina “beneficios secundarios de la enfermedad”, para mí en un lenguaje llano, casi básico, como me gusta emplear para dirigirme a usted se denomina: “mamitis o mariditis aguda”. Niños que desarrollan un inesperado dolor de panza para evitar un reto, ordenar el cuarto, asistir un examen; mujeres, y digo mujeres porque se da más que en hombres, que despliegan escenas de Hollywood para retener maridos, hijos y al resto de los familiares; aunque a la larga el sistema familiar, laboral, de amigos se deteriora.

Considero atinado si hablamos de beneficios y ganancias invertir dinero en un buen terapeuta y energía en aceptar que la realidad a veces no es como se desea o asumir que por más planificada que haya estado una vida a veces hay sorpresas que deparan experiencias más enriquecedoras de las previstas.

¿Beneficios pasajeros que se traducen en comodidad con fecha de vencimiento? Seguramente; de algo estoy convencida el goce y el placer solo lo conquistan quienes se atreven, cambian, se adaptan y permiten que la vida los sorprenda, pues las posibilidades suelen estar al alcance de la mano, resta saber encontrarlas.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación.  | Twitter: @guillerizzo

 

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