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- Cuerpo & Alma -

Cuando la crítica edifica

5 de noviembre de 2017

Su objetivo redunda en ofrecer alternativas de superación y nuevas miradas.

Por Guillermina Rizzo*.

Hoy propongo un tema a sabiendas que tal vez más de uno no llegue a leer la columna hasta el final, pues no es para cualquiera. Si usted es un tanto susceptible le recomiendo omitirla y leer otra sección, si le gustan los desafíos, adelante, y si se considera valiente e inteligente estoy segura de que emitirá una opinión que obviamente celebro.

¿Se requiere de cierta capacidad para aceptar críticas? ¿Críticas constructivas o negativas? ¿Son necesarias para crecer y evolucionar?

El Diccionario de la Real Academia Española revela que la palabra crítica deriva del latín criticus y posee más de diez acepciones, ligada a la crisis, al momento en que esta se produce, relativa al examen acerca de algo o alguien, dependiendo el ámbito se agrupan en conjunto de juicios, y generalmente quienes critican lo hacen fundamentados en estudios, disciplinas o saberes acreditados. La crítica es inherente a la condición humana y todos en algún momento de la vida son destinatarios de juicios y opiniones; el impacto varía según sea negativa o positiva.

Se dice que criticar es fácil y crear o hacer es complejo, por ello la crítica destructiva se basa en cierta falta de respeto a quien realiza una tarea o crea una obra, carece de argumentos fundamentados y consta de simples afirmaciones por parte de quien critica. La crítica negativa en cambio es realizada con buenas intenciones, se erige en el respeto por la tarea ajena y se focaliza en aspectos a mejorar a partir de opiniones fundadas en el saber y la experiencia de quien la
formula. El objetivo de las críticas redunda en ofrecer alternativas de superación y nuevas miradas.

La crítica constructiva es la que debiera prevalecer en los primeros años de vida, pues es la que permite detectar que se va por buen camino, es fundamental en la formación de la autoestima. Si bien en la edad adulta se la debe escuchar y resulta gratificante, no es  conveniente aferrarse a ella, en ocasiones se corre riesgo de quedar sujeto a las adulaciones sin revisar los procesos que conducen al logro de una meta.

Obviamente no todo poseen la valentía y la humildad para escucharlas, y no es lo mismo recibirlas de seres queridos, cercanos, quienes critican desde el afecto, o de personas conocedoras y expertas en temáticas, que de simples “opinólogos” o seres destructivos incapaces de crear que simplemente critican por incompetencia o envidia.

Seres inseguros o con baja autoestima tienden a malinterpretar cualquier comentario y presentan dificultades para enfrentarse a las sugerencias; quienes gustan de ser adulados solo desean recibir elogios, conocí personas que vieron truncarse sus carreras profesionales por rodearse de quienes solo podían emitir halagos y felicitaciones, pues no daban lugar para la crítica que permitía corregir, reformular y crecer.

En la actualidad el uso de las redes sociales aumenta exponencialmente la posibilidad de criticar, y algunos en un acto de cobardía la ejercen amparados en el anonimato; por ello al
momento de criticar es fundamental un tono de voz acorde, sin agresión, insultos ni gritos, de hecho, un verdadero crítico lo hace con las palabras adecuadas y solventado en el saber. Darle la bienvenida además de humildad reporta beneficios y constituyen instrumentos valiosos para aprender.

Coincido con el filósofo Immanuel Kant quien decía “con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento”; y sepa que su crítica es la que me permite seguir escribiendo. ¡Gracias!

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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