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- Cuerpo & Alma -

El poder dentro de una caja

22 de octubre de 2017

Este domingo tenemos la posibilidad de depositar nuestros deseos en una “cajita”.

Por Guillermina Rizzo*.

Doña Ema, con sus noventa y seis años, cumple con un ritual año tras año, a su vez lo ha hecho extensivo a los integrantes de su numerosa familia y amistades.

Cuando cumplió 15 años la madre le obsequió una cajita de música, a partir de ese momento, más allá de deleitarse con la “típica musiquita” y entre otros objetos valiosos que iba atesorando, cada cumpleaños escribía sus deseos para el año a transitar. Algunos se cumplían y otros no, o tal vez se concretaban un tiempo después. Lo cierto es que esa cajita cobija por años anhelos; seguramente las personas cercanas a Ema tienen una cajita y también consignan sus
deseos.

Hoy domingo, les propongo pensar en esas “cajas” que también resguardan sueños, expectativas, deseos, broncas, resignación, “castigos”, razonamientos, ideologías…me refirió a las “urnas”.

Hablar de las urnas y los votos me remite a recordar que permanecieron guardadas y enmudecidas durante años que fueron atroces, y que transitando mi adolescencia las palabras de Ricardo Alfonsín diciendo “que les vaya pasando el plumero porque las llenaremos de votos” en respuesta a alguien que siquiera merece ser mencionado, me hicieron comprender el valor irrenunciable que tenemos los ciudadanos.

Hoy celebramos elecciones y digo “celebramos” porque lo considero una fiesta. Como tantas otras veces, aunque hoy ya de forma natural y espontánea, como un ejercicio reiniciado en aquel octubre de 1983, iremos al lugar asignado y cumpliremos casi como si fuera un ritual con una serie de pasos.

Tomar una “boleta” y plegarla, -habrá quienes hagan combinaciones impensadas o irreconciliables a simple vista-, tal vez llevarla prepara en el bolsillo, guardarla en un sobre y depositarla en una urna, eso es votar explicado de manera simple y sencilla.

Si por un momento evocáramos a Doña Ema hoy también tenemos la posibilidad de depositar nuestros deseos en una “cajita”; el criterio de categorización y selección, tal vez sea “son los mejores”, “los menos malos”, “los que nos gustan”, “con los que nos identificamos”, o vaya saber cuál es el criterio que rige en cada una de la personas… Lo cierto es que tenemos la posibilidad de elegir, de confiar y de poner nuestras expectativas y deseos en algo o alguien y colocarlos en una “caja”.

Habrá quienes lo hagan con convicción o por intuición, con reflexión o de manera “mecánica”, con desánimo o descreimiento, con un conocimiento profundo o somero de las propuestas y candidatos, con esperanza o con enojo, pero es innegable e indiscutible que se pone en juego una posibilidad.

Si tomáramos conciencia que por años “esas cajas de madera” tuvieron la “música” silenciada seguramente hoy entraremos al cuarto oscuro con suma alegría. Votar es elegir, elegir es sentir el valor que tiene la libertad y dimensionar la potencia que tienen esas “papeletas”, pues en definitiva contienen nuestras voces y decisiones.

Te propongo que hoy consideres la posibilidad de pensar, registrar y sentir lo que implica elegir, comprendiendo la magnitud del acto en sí y dejando a un lado el mero “trámite” o ritual. La democracia es mucho más que votos en una urna, es pensar en nuestros deseos a futuro, en nuestras frustraciones, en nuestros disgustos, en nuestros aciertos, es soñar, es participar, es enumerar los temas resueltos y los que aún están pendientes; es depositar en esa caja hoy de cartón, tu voluntad, tus sueños, tu voz, que sumadas a millones encierran un poder y arrojarán un resultado, que seguramente se convertirán en la “musiquita” de fondo que nos acompañará por cuatro años. ¡Vamos a votar! ¡Celebralo!

* Doctora en Psicología y columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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