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- Cuerpo & Alma -

Remontar vuelo tras las decepciones

30 de julio de 2017

Rompen la ilusión pero también habilitan la posibilidad de dar un giro y continuar la marcha.

Por Guillermina Rizzo *.

Los niños remontan barriletes, otros navegan aguas arriba y remontan un río, un águila remonta vuelo con su presa en el pico, quienes intentan recordar se remontan en la historia, en el mundo de las finanzas se remontan las pérdidas y las ganancias, equipos deportivos remontan puestos en el campeonato.

¿Las decepciones son circunstancias sin retorno? ¿Es posible ensayar nuevos pasos, nuevos vuelos tras un desencanto? ¿Las decepciones son responsabilidad de uno solo?

Remontar es una palabra compuesta por el prefijo “re” y “montar”, verbo que proviene del francés “monter” que significa “subir encima”; asociada también a la raíz indoeuropea “men” que alude a proyectar, ascender; en definitiva, cuando se emplea uno de los vocablos que hoy nos convocan nos referimos a aquellas situaciones que implican elevarse, subir, alcanzar, superar y también retroceder.

La decepción, concebida como “pariente directa” de la frustración, es el sentimiento que se experimenta tras un desengaño o una desilusión. Es una vivencia negativa que surge como consecuencia de no haber logrado lo que se anhelaba, y que conecta directamente con la impotencia puesto que enfrenta con una situación inesperada y contraria a la que se pretendía arribar.

Frustraciones y decepciones se gestan de manera imperceptible e irrumpen casi como por arte de magia, generalmente nos sitúa ante situaciones no buscadas y nos dispone a un estado de falta de recompensa y de privación como consecuencia de deseos, aspiraciones y objetivos insatisfechos.

Si bien la decepción se experimenta de manera diferente y tiene intensidades variadas, afloran sentimientos de rabia, enojo, tristeza y desesperanza; pues generalmente irrumpe, toma por sorpresa, y quienes han sido decepcionados suele expresarlo con la frase “me cayó como un balde de agua fría”.

Depositar expectativas y anhelos en un amigo, una pareja, un líder o una situación y no salir decepcionado lo considero un acto de “co-responsabilidad”, ya que se requiere de cierta madurez y de claridad en la mirada para detectar si el otro o los otros depositarios ameritan el rol y están a la altura de los deseos; la vida, a diario, nos enfrenta con “vendedores de ilusiones” que rápido se desvanecen y las propuestas también.

Se trate decepciones naturales, predecibles o inesperadas lo cierto es que rompen una ilusión, pero también habilitan la posibilidad de emprender nuevos vuelos, de dar un giro y continuar la marcha.

Entender que no todo puede ser controlado aliviana el peso de la decepción, tener metas realistas evita golpes, tomarse un tiempo prudencial para conocer a quien invita a transitar por un camino es prevenir y anticiparse a que los sueños queden convertidos en trizas.

Algunos para evitar decepciones se repliegan sobre sí mismos a tal punto que coartan sus deseos y anhelos, el temor y la cobardía los paraliza perpetuándose en una espera estéril y sin sentido.

Las decepciones siempre traen nuevas luces y aclaran el paisaje, si bien contrariamente “remontar” significa “bajar, descender”, para superar esas situaciones que arrastran hacia los más profundo, para trascender a esas personas que sumergen hasta el vacío, es imprescindible bajar y descender, pues la tristeza puede ser también una ola que impulsa a remontar nuevos mares, el enojo puede ser esa montaña que anticipa nuevas cumbres, la rabia pueden ser las llamas que alumbran nuevos caminos; cualquiera sea el sentimiento que traen las decepciones vale remontarse sobre los propios pasos e intentar, proyectar lo imposible siempre dará lugar a lo posible.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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