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La ruta del look Awada: qué hace con los vestidos que usa en los viajes oficiales

22 de julio de 2017

Por Agustín Gallardo

No caben dudas: Juliana Awada inspira y es muy observada cada vez que acompaña a Macri en las visitas oficiales que realiza por el mundo. “El huracán Awada”, tal como la llamaron algunos medios extranjeros, ha ido manteniendo cierta línea de conducta: hablar poco y mostrar mucho. “Quiero que se conozca la industria argentina”, se le escuchó decir en varias oportunidades a esta primera dama capaz de “acomodar” en su valija a más de un diseñador, haciendo que sus nombres repercutan en las revistas de moda. Awada alterna –sólo por dar algunos ejemplos– entre exponentes de renombre como Gabriel Lage o Amelia Saban y da oportunidades a nuevos, como Marcelo Giacobbe, el joven diseñador cuyo vestido de red lució en la cumbre del G20, en Alemania.

Ahora, ¿qué sucede luego de cada visita con esos vestidos?, ¿adónde van? Y el gran interrogante: ¿se los queda Awada?

En principio, desde el Gobierno dicen que todo lo que ella usa lo devuelve. “Juliana recibe sólo en préstamos las prendas de los diseñadores, y todas son devueltas a ellos”, indicaron a PERFIL desde Presidencia. Los diseñadores consultados cuentan lo mismo: Awada luce y luego devuelve. Pero ¿qué sucede si algún diseñador decide regalarle alguno de los vestidos? Por una normativa que rige desde el año pasado, impulsada por la Oficina Anticorrupción, Awada –al igual que los funcionarios– debe informar los regalos que recibe, incluso los vestidos. Y si algún obsequio supera los cuatro mil pesos –es el caso de la mayoría de los atuendos–, debe ser donado como patrimonio nacional. “Nos devolvió siempre”, cuenta a PERFIL Roma Renom, la diseñadora que Juliana fue a ver para una producción de la revista Vogue y para un encuentro con Michelle Obama. Gabriel Lage, quien la vistió para una de las apariciones durante su estancia en España, asegura que sus producciones van directo a su museo o se guardan. “Ella devuelve todo y por lo general no se los pone nadie más. Son vestidos especiales”, dijo a PERFIL.

Sin embargo, en contraposición con la voz oficial, en algunos casos Awada aceptó quedarse con un par de vestidos. Por ejemplo, el vestido blanco de Ménage à Trois que usó en la gala de Colón horas después de la asunción de Macri. Ese vestido cuesta entre 20 y 25 mil pesos. “Juliana devuelve todo lo que usa. En el caso de ese vestido blanco, se lo di como un regalo simbólico para que le quedara de recuerdo. Ese vestido ya existía de antes y su asesora vino a decirnos que si Macri ganaba, se lo llevaba”, explicó Saban a PERFIL. Otro que Juliana no devolvió es uno que lució en Holanda, de la diseñadora Maia Bergman. Se trata de un solero negro con apliques en plata y azul, que también fue muy requerido por las clientas de Bergman una vez que Awada se lo puso.

Fenómeno. Mientras Juliana se prepara para tener un rol más activo luego de las elecciones legislativas, sigue despuntando el vicio de la moda, un tema que conoce por ser ella misma dueña de una marca que lleva su nombre.

Los diseñadores elegidos por ella aumentaron su popularidad a raíz de una mayor demanda de clientas en busca de “ese vestido tuyo que tenía Juliana en…”. Este es el caso del chemise que usó en su visita a China. “Se vendieron decenas de ese vestido”, cuenta Saban, de Ménage à Trois. “Pero fue un caso particular. No tenemos todos los vestidos. A veces, que Juliana use alguno hace que vengan a buscarlo, lo pidan y no lo encuentren, pero que se lleven otro”, explica.

Lage es otro que está agradecido. “Después del éxito que tuvimos con el vestido de alta costura que le hice para uno de los encuentros con la reina Letizia, y luego de que los medios de Europa lo elogiaran, vamos a abrir un local en Madrid para noviembre del año próximo. Es parte del esfuerzo nuestro, claro, pero también tiene que ver con la exposición que logró Juliana”, reflexiona Lage. Y finaliza Bergman, hija del ministro Sergio Bergman: “Ella tiene un estilo que inspira a muchas. Varias clientas se acercaron a pedir el vestido que lució en Holanda”.

Nota publicada en la edición impresa del Diario PERFIL.