Rouge

Rouge

- Cuerpo & Alma -

La misión de un superhéroe

18 de Junio de 2017

Por qué para los hijos los padres son como ellos.

Por Dra. Guillermina Rizzo*. 

Bruno Díaz, Clark Kent, Peter Parker, Robert Banner, Diego De la Vega son algunos de los hombres que durante años sorprendían a millones de niños. Con poderes extraordinarios diferentes, provenientes de distintos orígenes y con “apariencia normal”, mutaban en un abrir y cerrar de ojos para luchar por diferentes causas.

Un superhéroe es de suma importancia durante la infancia, pues permite que los niños se vinculen con el mundo adulto mentalmente a nivel “ideal”, para luego en la adolescencia ser percibidos de forma más “humana” reconociendo en ellos las cualidades y los defectos.

Guillermo, Maxi, Luis, Héctor, no vienen de otra galaxia, no portan antifaz, espada ni tienen “súper poderes”, ellos como miles en el mundo, todos los días abogan por una causa: Son Padres.

Así como los niños necesitan de un héroe ¿por qué es necesaria la presencia del progenitor? ¿Qué sucede ante la ausencia? ¿El padre es un héroe cotidiano?

Diseñar una historia de vida requiere necesariamente saber hacia dónde dirigirse, pero sobre todo de dónde se proviene, en este sentido el padre le ofrece al hijo la posibilidad de narrar y completar esa historia. Jean Le Camus, Psicólogo y Psiquiatra sostiene que el padre representa la autoridad y permite que los límites y la ley se puedan interiorizar. Otros autores, sostienen que el padre significa aún más que esa imagen simbólica, puesto que cuando el progenitor está presente, acompaña, juega, lucha, rivaliza, desestabiliza amablemente, lo prepara para resolver conflictos y obstáculos, superar dificultades y enfrentar la etapa escolar; en definitiva el padre se convierte en la brújula que lo orienta en los distintos caminos a transitar, es quien ayuda dibujar los mapas de la vida futura, es la muralla que lo protege en la niñez y adolescencia, y en la que seguramente se construirán los escalones para saltar hacia la vida adulta.

La pérdida de un padre es dolorosa para todos los humanos, mayor es cuando se da la ausencia por esa incapacidad de “hacerse cargo” o porque ante una separación la madre niega la posibilidad de ser padre. Falta de afecto, de confianza en sí mismo, desamparo, son los ingredientes de una infancia averiada amalgamada con el rencor generado por el vacío ocasionado. “Papá necesito, papá ayudame, papá comprame, “papá…” interminable e importante puede ser la lista de un niño al invocar a su padre, resulta inimaginable predecir dónde depositará estas necesidades y las futuras consecuencias ante un padre que abdica a su función o que la cumple a la distancia.

Así como los padres gestan un hijo, son las necesidades del hijo las que gestan a los padres; seguramente en la actualidad para ejercer ese rol se requiere de valentía, coraje, decisión, y llevar adelante la misión implique más de una vez emular a un súper héroe.

Protección, conocimientos y experiencias, espacios de juegos y de diálogo, límites y afectos se irán incorporando en “esa mochila” que el niño porta desde el nacimiento con los objetos que “idolatra”, el chupete, luego el peluche, más tarde el muñeco con el héroe de turno y en la adolescencia las fotos de un deportista o cantante; ya en la edad adulta y con la mochila despojada de esos objetos tendrá en cambio todo lo necesario para emprender su vuelo, y conservando como si fuera la figurita difícil del álbum, la imagen de un héroe cotidiano que actuaba de forma heroica cuando lo necesitaba, quedando grabada de forma indeleble la imagen del padre: ¡Feliz día!

(*) Doctora en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *