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- Cuerpo & Alma -

Vínculos al compás de WhatsApp

14 de mayo de 2017

Dra. Guillermina Rizzo.

¡Observar! Bares, reuniones, peatones, recreos, reuniones de trabajo o cualquier otro escenario. Observar y comprobar que durante minutos que al final del día se convierten en horas, gran parte del tiempo todo gira frente a “ella y él”.

Grandes y chicos, hombres y mujeres sincronizando la mirada y los dedos se sumergen en “ella y él”: la pantalla del celular y el WhatsApp.

¿Nuevas tecnologías marcan nuestras vidas? ¿Beneficios o desventajas? ¿El WhatsApp ofrece una nueva forma de relación?

‘WhatsApp’ es una combinación de vocablos en inglés entre la frase ‘What’s up’ empleada en lenguaje coloquial, corriente, como un saludo: “¿Qué tal?”, o “¿Cómo andás?” y el diminutivo app de la palabra también inglesa application que significa “aplicación”, utilizada en este caso como programa informático para teléfonos celulares, aunque el nombre completo de ese ícono verde hoy de uso masivo, es “WhatsApp Messenger”.

Es habitual entre los que hablan español y que no pronuncian inglés a la perfección que se refieren a dicha aplicación de una manera si se quiere más espontánea tal como “guasap”, y que también ya tiene verbo “guasapear”. Lo cierto es que dicha aplicación llegó y se queda hasta que sea superada por alguna alternativa que ofrezca más servicios, pues del simple “mensajito de texto” con un costo monetario, el “WhatsApp” ofrece la posibilidad de mensajes escritos extensos, interacción casi en vivo, mensajes de voz, íconos que grafican estados y situaciones, envío de videos y fotos.

Lo cierto es que el “circulito verde” de manera individual o mediante la conformación de grupos y en cualquier momento y lugar, permite que estemos comunicados al margen de la presencia física. Dice Kenneth Gergen Psicólogo Social estadounidense que todo progreso trae un pregreso, y el “WhatsApp” no queda ajeno, y es un protagonista al momento de mediar y construir relaciones. No falta la mujer enamorada que configuró con un sonido “especial” el contacto del hombre que le quita el sueño y ante “ese sonido” se emociona cuando le anuncia que un saludo se hace presente. A su vez la función “doble chek” o doble tilde permite mediante la aparición de la doble pestaña saber que el destinatario leyó el mensaje y ante la respuesta tardía desata un sinfín de estados y malos entendidos, conozco un hombre que tejió una verdadera historia de traición e infidelidad cuando su esposa no respondía sus mensajes y el damnificado caracterizado por los celos y la paranoia gritaba “me clavó un visto y no responde”, a la susodicha le habían robado el celular.

En definitiva, este nueva herramienta de comunicación requiere de un aprendizaje técnico para su correcto manejo y a la vez emocional, puesto que en el “día a día de los vínculos” de manera casi inconsciente va reformulando las perspectivas que se tiene del otro, genera nuevas expectativas, en ocasiones potencia los deseos, habilita esperanzas, configurando de una forma diferente la construcción de una relación; hoy basta que aparezca a media mañana el ícono de la flor para intentar remediar tal vez una discusión surgida a la hora del desayuno.

El “WhatsApp” es una herramienta muy aplicada al inicio de las relaciones y los expertos la consideran menos invasiva que el llamado telefónico, los tímidos se benefician ya que brinda la posibilidad de expresar estados y sentimientos que si no estuvieran mediados por la pantalla seguramente no se atreverían. Los hombres fieles a su estilo optan por mensajes breves y tal vez prácticos mientras que las mujeres emplean mayor cantidad de palabras, y son más detallistas en el buen uso ortográfico.

Al comienzo de las relaciones las palabras preponderantes son “amor, encuentro, ¿te parece?, te espero, nos encontramos, hermosa”, posteriormente cuando la relación se consolida los vocablos más frecuentes son “cena, casa, compra, ok” y el que más molestia causa “estoy ocupado”; en consecuencia, la relación muta y el “WhatsApp” también.

Como toda herramienta se la puede emplear para construir relaciones, acercarnos a los lejanos y lamentablemente también permite herir, destruir y desilusionar. Celebro su presencia cuando la utilización no está por encima del abrazo y del encuentro cara a cara, pues si bien permite transmitir emociones hay momentos en la vida que merecen ser vividos de manera presencial y no virtual. Hasta el próximo domingo debo responder un “WhatsApp”.

(*) Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo