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- Cuerpo & Alma -

La virtud de descender y reinventarse

7 de Mayo de 2017

Saber descender y permanecer en “las mesetas” es tener la capacidad para visualizar las nuevas oportunidades.

Por Dra. Guillermina Rizzo.

No está en mis planes dedicarme al alpinismo mucho menos tengo el valor para practicar deportes extremos, aunque considero enriquecedora y aleccionadora la experiencia de Cathy, sus vivencias invitan a la reflexión.

Cathy O’Dowd, sudafricana, es la primera mujer en alcanzar dos veces la cima del Monte Everest, la montaña más alta del mundo, en la actualidad a partir de su experiencia imparte charlas motivacionales. En una entrevista explicaba que su pasión por escalar no se traduce en llegar a la cima sino en la aventura en sí misma. Luego de hacer cumbre en la cadena del Himalaya, relata que dicho objetivo se logra con un equipo unido y altamente capacitado, con una cuota de suerte, con una preparación física rigurosa y sobre todo con preparación mental; la cima es inhóspita, se permanece un breve lapso y luego se desciende; pasado un tiempo se planea un nuevo desafío a veces menos extremo.

¿El éxito se alcanza de un día para el otro? ¿Se puede permanecer siempre en la cima? ¿Es un acto de inteligencia la capacidad de descender y reinventarse?

Son pocos los que logran el éxito rápidamente, seguramente en esos casos el factor suerte es condicionante y es habitual ver como de forma precipitada se diluyen cual pompas de jabón. Si repasamos la vida de artistas, científicos, deportistas, políticos, empresarios, observamos que la perseverancia, la preparación física, los estudios, y la disposición mental son los componentes presentes para lograr el objetivo, talento y años de dedicación se ven coronados llegando a la cima que cada uno seguramente se ha establecido; y cuánto más ambicioso es el objetivo mayor es el esfuerzo; obviamente resulta indispensable la compañía de un equipo.

A veces llama la atención, cuando alguien que logra la meta, llega a la cima, alcanza el éxito y emprende la retirada, y es precisamente porque nadie puede permanecer eternamente en la cima, la cumbre es inhóspita, de allí la inteligencia de quienes logran la meta de saber descender y prepararse para nuevos desafíos.

Saber descender y permanecer en “las mesetas” que a veces se nos presentan es tener la capacidad para visualizar las nuevas oportunidades que se despliegan, pues sin dudas traen consigo nuevos proyectos; saber descender es poder descubrir habilidades que tal vez permanecieron ocultas, dormidas, que, integradas y combinadas de modo diferente, generan nuevas versiones, nuevas formas de ser y de estar.

Alcanzar la cima y saber descender es una cuestión de actitud: implica erguirse de otra manera ante la adversidad, la decepción y el desencanto.

Quien intenta permanecer en la cumbre dilapida energías ya que resulta imposible, se condena a la soledad y al fracaso, pues no saber descender implica no cuidar lo alcanzado, lo construido, poniendo en riesgo su vida y la de quienes lo rodean.

Descender involucra la posibilidad de proyectar, y principalmente de reinventarse. Conocerse a uno mismo, con debilidades y fortalezas; percibir nuevos horizontes e interpretarlos es el primer paso para un nuevo ascenso; modificar rutinas, romper hábitos, transformando pensamientos y creencias que limitan.

Llegar a la cima es un acto de valentía, pero descender es salir al encuentro de las oportunidades, es expandir la mente y los sentimientos. Descender y reinventarse es una capacidad que no todos tienen, pero que conecta con la posibilidad de crear cada vez una mejor versión de nosotros mismos; pues como dijo Cathy: “El momento más emocionante no es cuando llegas a la cima, es antes de la cima, ese es el momento perfecto; cuando ves la cima y te das cuenta que vas a poder llegar”.

(*) Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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