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- Cuerpo & Alma -

Pascuas: la virtud de mirar hacia arriba

16 de Abril de 2017

Por Dra. Guillermina Rizzo. 

El aula magna de la universidad está colmada, Sofía recibe su anisado título de astrónoma, el telescopio, regalo invaluable que le obsequiara su abuelo a los cinco años además de despertar la vocación, le imprimió la “virtud” de contemplar y mirar hacia arriba.

¿Funciona el reloj de la catedral de la ciudad? ¿Solo miramos hacia arriba para advertir la presencia de tormenta y salir con un paraguas? ¿Se acostumbra a contemplar distintas perspectivas? ¿Qué sentimientos y sensaciones se involucran cuando miramos hacia arriba?

El ser humano, a diferencia de otros seres vivos tiene la capacidad de observar en todas las direcciones posibles: en ocasiones, distintas circunstancias, vivencias, estados de ánimo hacen que se enfoque en una sola dirección perdiendo la posibilidad de tener una vista panorámica del mundo y de las situaciones.

Quien tiene actitudes pesimistas una y otra vez dirige la mirada hacia atrás lamentándose por lo que ha perdido, por lo que ya aconteció o por lo que nunca llegó a suceder, viviendo adherido a un pasado y sumergido en la tristeza y la melancolía. Kierkegaard sostenía que “la vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”, por ello el pasado debe obrar a modo de inventario de forma tal de no repetir errores y poder reformular las experiencias venideras.

Sentimientos de vergüenza, timidez excesiva o problemas depresivos ocasionan que la mirada se dirija hacia abajo, esa incapacidad de elevar la vista para contemplar alrededores se vincula directamente con la imposibilidad de visualizar un futuro, de delinear un proyecto, de disfrutar, de sentir esperanzas y goce por la vida; bien dice el refrán “que la fe mira hacia arriba”.

Se requiere de coraje para dirigir la mirada hacia el interior de cada uno, a veces es más sencillo reparar en los defectos ajenos que tener la valentía de tomar un espejo y revisar errores y asumir debilidades, pues conlleva a enfrentarse con aspectos que en ocasiones se prefiere desconocer u ocultar. Un desafío propuesto por los griegos fue “Conócete a ti mismo”, emprender un “viaje” hacia el autoconocimiento, la propia comprensión y verse tal cual es implica descubrir miserias, virtudes y poseer el don de la autocrítica que facilita la ulterior comprensión de los semejantes.

Mirar hacia arriba es un hábito que se va perdiendo en la etapa adulta, los niños, por sus características anatómicas tienen la “obligación” de enfocarse en esa dirección, solo que a medida que crecen se adaptan a las dimensiones cotidianas. Los ribetes de la sociedad actual incitan a la velocidad, el apuro frecuente conduce a mirar hacia adelante ofreciendo -cual increíble aventura- la posibilidad de programar sumergidos en la apatía.

Días pasados leía en un portal en Internet que al realizar un experimento y colocar distintas especies del reino animal en recipientes para ver la capacidad de escape, se puede comprobar que el buitre a pesar de su habilidad para volar necesita una base de tres metros para emprender su vuelo; el murciélago es incapaz de elevarse a nivel del suelo para desplegarse; la abeja nunca ve la posibilidad de escapar por arriba de ella, y al intentar buscar una salida se destruye a sí misma.

Para los católicos, hoy Domingo de Pascua se celebra la resurrección de Jesús, la imagen de su crucifixión y su mirada hacia el cielo es uno de los símbolos por excelencia; quienes cultivan la espiritualidad tienen el hábito y la convicción de mirar al cielo y pedir, agradecer y suplicar; otros en cambio, cual buitre, murciélago o abeja pugnan diariamente con frustraciones y problemas sin advertir que posiblemente en la pausa y en el mirar hacia arriba se encuentre la solución y la ruta de salida. ¡Felices Pascuas!

(*) Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo