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- Cuerpo & Alma -

Celebrar la edad dorada

9 de Abril de 2017

Por Dra. Guillermina Rizzo. 

Celebrar un nuevo año de vida es generalmente tiempo de alegría, momentos de preparativos que tienen como corolario una reunión con familiares y amigos, en ocasiones dicha conmemoración se plasma en un viaje a un destino deseado. Si bien en el año 1935 y con la lucidez de autores como Gardel y Le Pera se inmortaliza el tango Volver y “que veinte años no es nada” es una de sus frases emblemáticas, caben preguntas: ¿Qué acontece en cada ser humano cuando las hojas del calendario se suceden y comienza a transitarse la década de los cincuenta? ¿Son ciclos para la reflexión y nuevas oportunidades? Mientras especialistas hacen referencia a las crisis propias de estas edades y el decir popular hace mención al “viejazo”, prefiero plantearlas como etapa de recuento y grandes desafíos.

Quien comienza a transitar los cincuenta años, y teniendo en cuenta que el promedio de vida se ha extendido, lejos está del final, sino que por el contrario se despliega ante sí nuevas y variadas alternativas, pues atrás queda la efervescencia de los treinta años en los que -en tiempos posmodernos- la gran mayoría emprende una frenética carrera para cumplir mandatos que versan sobre culminar estudios universitarios, comenzar el posgrado y destacarse en una profesión, conocer la persona que será la compañía para toda la vida o no, concretar la unión formal y empezar a mandar las cartas a París o no, con la abrumadora fantasía –cual cuento de hadas- que cuando suene la campanada número doce y culmine la dorada década de los treinta años aparecerá un rutilante cartel que indica el “Fin”.

En abril de 1994, Ricardo Arjona estrenaba una canción que reivindicaba para algunas féminas lo que era una tragedia: pasar a ser etiquetada como “cuarentona”. Tal vez a usted no le guste el cantante guatemalteco pero la frase “es usted amalgama perfecta entre experiencia y juventud” fue una metáfora que invitó al replanteo a mujeres y también a los hombres.

Quien inicia el recorrido de las cinco décadas debe saber que comienza el segundo ciclo de su vida, y como tal es momento de revalorizarlo y vivirlo casi como un artista que se sitúa frente a un lienzo y está a punto de esbozar una nueva obra de arte. Preguntas tales como: ¿el trabajo actual cumple con las expectativas? ¿quiero continuar con la misma rutina de horarios? ¿la pareja elegida hace años sigue siendo la apropiada? ¿estoy desarrollándome en la dirección que me plenifica? ¿qué lugar quiero ocupar en el mundo y junto a quienes? pueden facilitar el análisis y propiciar un momento mágico, pues pensar y elegir son acciones humanas por excelencia dignas de celebración.

Se requiere coraje y buena dosis de valentía, pues establecer un diálogo interior para indagar gustos, pasiones, intereses y por qué no finales o aquellos aspectos negativos demandan cierta fortaleza para enfrentar ejes esenciales.

Los cincuenta brindan la posibilidad de elegir, si bien ya se han cumplido mandatos y con lo “que se tenía que hacer”, ahora se entretejen oportunidades en las que se puede optar por lo que “se quiere hacer”; cuestionar lo cotidiano no necesariamente implicará dar un giro y descartar pareja, trabajo, amigos, sino que este tiempo invitará a pensar y tal vez volver a optar por lo elegido antaño, solo que en esta ocasión con las inspiración de los años vividos y los aprendizajes adquiridos, ya decía Vincent Van Gogh: “¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?”.

(*) Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo