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- Cuerpo & Alma -

Asignatura previa de los adultos

2 de abril de 2017

Por Dra. Guillermina Rizzo.

No pasó mucho tiempo para algunos estudiantes en los que el aplazo se convertía en una cuestión irremontable y desaprobar varias materias garantizaba la repitencia y el cambio de escuela; las penas familiares consistían en “no salir” o “no participar del campamento”; la previa en cambio, y casi como un juego otorgaba una vida más.

El vocablo ‘previo’ es de origen latino y como tal se remonta a miles de años, un vistazo por el diccionario hace referencia a “que está, es u ocurre primero o delante en el tiempo o en sucesión; que antecede, que va antes”; lo empleamos de manera cotidiana en distintos ámbitos: ‘fecha previa para el inicio del campeonato’ si se trata de lo deportivo; ‘cita previa’ si se trata de asistencia médica; en el ámbito pedagógico se definen como ‘conocimientos previos’ a la información o aprendizajes que una persona posee y “materia previa” es la consecuencia de desaprobar una asignatura en el período de exámenes. Más allá de los múltiples usos del término, existe un significado más amplio del concepto, pues tiene implicancias, sociales, económicas y psicológicas entre otras; y es, “la previa” como ritual.

Es habitual entre adolescentes y jóvenes de cualquier clase social la reunión previa a la salida nocturna en la que el protagonista infalible es el alcohol. A principios de la década del veinte, específicamente en 1922, Félix Garzo escribía la letra del legendario tango “Fumando espero”, en la que el personaje esperaba la llegada de su amor en compañía de un cigarrillo; transcurrido casi un siglo, chicos y chicas bebiendo de manera desmesurada dicen ‘esperar la hora’ para la salida nocturna. Así, año tras año, una costumbre arraigada a la mesa de los bares y propia de los adultos se traslada a casas a veces con padres ausentes que hacen propicia la ocasión, o rotan a esquinas preestablecidas en las que actores cada vez más jóvenes, -las encuestas revelan que el inicio en el consumo de bebidas alcohólicas se da entre los 12 y 13 años-, dan rienda suelta al ritual en el que se registra la mayor ingesta.

Los argumentos son variados: cambios culturales han generado que la salida a los lugares bailables sea a partir de las dos de la madrugada; el factor económico conlleva a que los jóvenes organicen la tradicional “vaquita” y adquieran a mejor precio y en ocasiones hasta en comercios mayoristas lo que consumirán en ‘la previa’, tal vez el menos hipócrita y esgrimido por los propios adolescentes sea que ‘toman por tomar’, y en otros casos el alcohol obra de manera lúdica: ya que ‘el juego’ funciona como un rito de iniciación, así, revistiendo un carácter recreativo se aparta de la idea del vicio, del riesgo de la adicción, de las consecuencias que ocasiona y hace más divertida una práctica que en su comienzos resulta casi desagradable a los sentidos; a su vez en la adolescencia ‘este juego’ incrementa el sentido de pertenencia tan importante durante esta etapa, haciendo que “no se queden afuera del grupo”.

Lo cierto es que más allá de los argumentos que emplean adolescentes y jóvenes, toman por los mismos motivos que los adultos: el efecto que causa prima por sobre el placer inherente que se da en el proceso de degustación en sí. Consumir vino, cerveza, champagne por mencionar algunas opciones, está ligado a ciertos efectos: la distensión que aporta la cantidad adecuada luego de una jornada por momentos agobiante, a la magia de las burbujas que en ocasiones le imprimen a un encuentro, solo que la gran diferencia se da en que los adultos tienen -o deberían tener- un autocontrol y un autoconocimiento que chicos y chicas están tratando de adquirir.

La “previa” de adolescentes y jóvenes es la materia que nos está quedando previa a los adultos, ya sea por ausencia o por una presencia insensata quienes en ocasiones y con firmeza expresan un “no tomes” mientras sostienen un vaso; resulta más fácil prohibir desde el enojo que generar un espacio de diálogo en el que se expliciten los riesgos.

Ser adolescente en esto tiempos no es sencillo ni para los protagonistas ni para los adultos, tal como dice Mafalda “¿no será acaso que ésta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”, ¿no será que cuando un joven toma en exceso está intentando decir algo que no puede? ¿no será que vivimos en una época de ‘hogares liberados’ donde los interlocutores están ausentes?

En momentos en que comienzan a diseñarse lo que será su lugar en el mundo adolescentes comienzan a consumir alcohol, seguramente necesiten la presencia “previa” y responsable de los adultos para que puedan ir trazando con aciertos y errores sus proyectos de vida.

(*) Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo