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- Relaciones -

Amor con fecha de vencimiento

12 de Febrero de 2017

Por Dra. Guillermina Rizzo.

En la puerta de la heladera de Alejandra se exhiben coloridos imanes sujetando los vencimientos… El 15 de febrero vence el servicio de luz, el 17 de febrero la cuota del impuesto inmobiliario, el 24 es el último plazo para pagar las expensas; y el 21 de marzo enciende una luz de alerta: culmina el verano.

¿Hay fecha de vencimiento para los idilios que nacen junto al solsticio del mes de diciembre? ¿Un cuerpo bronceado garantiza jornadas de pasión intensa? ¿El verano es el escenario propicio para el romance y relaciones duraderas?

Es evidente que los meses calurosos son oportunos para que la vida social sea más activa, puesto que el clima cálido favorece las salidas y ciertos encuentros que se postergan durante los meses de invierno; y si se considera que la temporada estival amerita la ropa liviana, se reemplaza la actividad física con gorro y guantes por una caminata en traje de baño a la orilla del mar y, el deseo de conocer ese ser con el cual conmoverse está latente, se darían las condiciones para vivir un amor de verano.

Según algunas estadísticas, gran número de personas consideran que la ropa colorida y en ocasiones desenfadada, la piel bronceada, un termómetro que traspasa los treinta grados son los elementos presentes en un contexto que favorecen el aumento de la autoestima y hace que tanto hombres como mujeres se perciban más atractivos y apasionados, generando así un impulso en la vida amorosa y una predisposición mayor para el romance. A su vez, la literatura y el cine están plagados de historias que versan sobre los amores de verano; amores que emergen con la misma fuerza y majestuosidad de una ola de mar, pero que se desvanecen con la misma rapidez.

Expertos en conducta humana y sociólogos han dedicado tiempo de investigación a los amores de verano, y coinciden que las consecuencias que se producen con la llegada del otoño traducidas en el final de una relación son concordantes con lo que se denomina “amor fugaz” y que es característico de la posmodernidad.

Atravesamos una época en la que se dificulta engendrar lazos genuinos y duraderos, sostener compromisos, paralelamente el romanticismo está devaluado, el amor dejó de estar idealizado y el matrimonio tradicional reviste nuevas formas de convivencia, razones más que suficientes para que sea una misión compleja construir una relación, más allá de lo que marque la escala Celsius.

Si una relación se inicia con un clima tórrido como telón de fondo y no prospera, no es “culpa del verano”, sino que al momento de entablar un vínculo siempre es recomendable expresar las necesidades y deseos de ambas partes desde un comienzo y establecer acuerdos simples, a fin de evitar malos entendidos, confusiones y frustraciones futuras. Si por el contrario las pretensiones se centran en lanzarse a la aventura de “vivir un amor de verano”, será cuestión de asumir las reglas de ese juego, a sabiendas que los compromisos no aplican en esta ocasión, pues simplemente se trata de vivir el momento, pero, dado que por una cuestión cultural y de cuentos de princesas que las mujeres hemos escuchado por décadas tenemos más chances de salir heridas, así como dermatólogos recomiendan no olvidar el protector solar, te sugiero una pausa para el análisis y la reflexión con el objetivo de evaluar consecuencias y anticiparse a las decepciones, en definitiva es el mejor “protector emocional”.

Twitter: @guillerizzo