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Eliseo, no te mueras sin decirme adónde vas

25 de diciembre de 2016

Mariana Arias recuerda al director con quien debutó en la pantalla grande. Perfil de un artista que dejó su marca.

Es navidad y estoy sentada frente a esta hoja en blanco con una gran necesidad de transmitir lo que siento. Una profunda tristeza por la muerte de Eliseo Subiela, quien me dio la oportunidad de vivir una de las experiencias que más me marcaron en mi vida. No te Mueras Sin decirme adónde vas, es una película que Eliseo escribió y dirigió, como lo hacia con todas sus películas, pero que tenía la particularidad de hablar de la muerte, de la vida después de la muerte, de las distintas vidas que vivimos en este tiempo que llamamos vida. Me llegó en un momento en el cual tenía que pensar en la muerte y hoy otra vez se presenta la misma necesidad.

Cuando Eliseo, en 1994, me llamó para protagonizar la película y leí el guión, no podía parar de llorar (así como hoy), en ese momento mi padre se estaba muriendo, nos habían dicho que le quedaban tres meses de vida, así que entendí que las casualidades no existen, esa fue la primera lección que me regaló Subiela, un ser extraordinario que se puso en mi camino para que viera un poco más allá. Él me permitió ser parte de una familia en el cine; un rodaje es como un paréntesis que tiene una potencia de relaciones que se convierten en amor profundo, todos llevando adelante un acto creativo, todos hacia el mismo lugar, poniendo lo mejor de cada uno, con una libertad pocas veces vivida. Fue un privilegio el haber estado cerca de este maestro de la vida. Pude entender que la muerte está ahí, al acecho, y que la mejor manera de enfrentarla es vivir a fondo. Estaba por perder a mi padre y al mismo tiempo sentía la intensidad de estar cumpliendo un sueño: hacer cine.

Eliseo era tímido, decía… y nos reíamos cuando lo comentaba porque podía decir la guarangada más absoluta en un segundo y convertirse en un señor intelectual al siguiente, no parecía que ese histrionismo escondiera algún miedo. Pero era cierto, era tímido, esa cualidad que tienen los seductores como él. También era un melancólico, había vivido una infancia junto a su padre que sufría del corazón y evitaba demostrar cualquier emoción, y su madre que tenía agudos dolores de cabeza que la obligaba a mantener la casa a oscuras para no perturbar su tranquilidad.

Esa especie de melancolía se expresaba a través de sus films, películas escritas y dirigidas por él mismo. Un ejemplo de cine de autor que estará presente en la vida de los argentinos para siempre. También en el mundo es un cineasta muy querido, recuerdo que cuando fuimos al festival de Montreal (1995) para presentar No te Mueras… firmaba autógrafos como un rockstar. Allí ganamos el premio del público. Íbamos a las proyecciones de la película y nos quedábamos atrás para sentir las reacciones. Con una gran alegría nos sorprendieron las risas y las lágrimas que provocaba. Eliseo era un apasionado por lo que hacía. El cine le daba lo que necesitaba para expresar y despertarnos, sacarnos de la superficie.

Hombre Mirando al Sudeste fue la película que lo llevó a la popularidad y el reconocimiento. El personaje principal, Rantés, internado en un psiquiátrico, decía ser un enviado de otro planeta que venía a investigar la estupidez humana; su médico (Lorenzo Quinteros) duda de su locura, ya que los mensajes que traía tenían la coherencia que faltaba en el mundo. El lado oscuro de Corazón, tuvo un éxito de taquilla impensado, era la historia de un poeta bohemio que recorre Buenos Aires con sus amigos, acosado por la muerte, buscando a una mujer capaz de “volar”. Atravesado por la poesía de sus amados Benedetti, Gelman y Girondo. Eliseo era un poeta.

Subiela sorprendía con su romanticismo, que sólo los más soberbios podían tildar de meloso. Desde aquel tiempo ya era fan de sus palabras, de lo que decían sus personajes, del amor que transmitían. Como este fragmento que publicó Carlos Abatte (ingeniero en sonido en sus películas y amigo de Eliseo) “Es Solo una sucesión de vibraciones pero a los hombres parece hacerles mucho bien. ¿Donde Cree que está La magia?….”, es Rantés hablando del amor en Hombre mirando al sudeste.

En No te mueras sin decirme adonde vas, el film que protagonicé junto a Darío Grandinetti y Oscar Martinez nos metimos en el mundo de la vida después de la muerte y Eliseo en medio de la postproducción de la película, en España, sufrió un infarto y fue sometido a una cirugía de corazón abierto en febrero de 1995. El bromeaba y nos decía después de su triple Bypass que le había perdido el miedo a la muerte. Ayer rodeado de su familia, después del brindis, con un habano en la boca se fue de esta tierra para emprender ese viaje al que ya no le temía, como si lo hubiese planeado. Como si ya fuese el momento de convertirse en un alma que nos mire desde otro lugar. Que nos invite a vivir intensamente así, como él lo hizo.

Twitter: @marianaarias

 

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