Rouge

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- Relaciones -

Juntos, pero no revueltos

20 de noviembre de 2016

Por Dra. Guillermina Rizzo.

Cerrá los ojos, imaginá un paisaje nocturno, sonidos y aromas transportan a infinitos lugares; el canto de un grillo, el agua de un arroyo, la fragancia de la hierba húmeda, la brisa fresca, invitan al relax. En las antípodas de esa postal están Roberto y Patricia, quienes noche tras noche ven su descansa interferido. Roberto aduce que Patricia se mueve demasiado, pasa del frío al calor convirtiendo las frazadas en una lucha sin fin y enciende la luz reiteradas veces para ir al baño; Patricia compara los ronquidos de Roberto con el cuatriciclo de Patronelli y los concomitantes silbidos con la pava silbadora última generación; las luces del televisor la sobresaltan; sí de flatulencias se trata, ninguno asume responsabilidades, lo cierto es que conciliar el sueño es casi imposible y los despertares se convierten en peleas y discusiones asegurando una jornada de mal humor.

Si bien el refrán expresa “juntos, pero no revueltos” ¿por qué continuar abogando por la cama matrimonial en pos del descanso reparador?

En la antigua Roma el lecho compartido era solo el lugar para el encuentro íntimo, no para dormir; durante el reinado de Victoria – mitad del siglo XIX- en Reino Unido las parejas casadas dormían en cama separadas; es a partir de la Revolución Industrial y de la proliferación de poblaciones con características productivas y con menor disponibilidad espacial que surge la cama matrimonial. Estudios revelan la importancia del buen descanso, sin sobresaltos y de las consecuencias negativas que se acarrean durante la jornada por dormir con interrupciones.

Si bien es una tendencia creciente en el Hemisferio Norte y cada vez hay más partidarios a las camas separadas o habitaciones distintas, no todos los matrimonios se animan expresarlo deliberadamente ante amistades, sino que, en caso de evaluar la posibilidad como alternativa para lograr el buen descanso, temen la reacción de su pareja y hasta evalúan el impacto en los demás miembros de la familia.

Considerar que dormir en camas separadas es la antesala del divorcio o presagia problemas conyugales es un grave error, mucho menos se los puede vincular a disfunciones sexuales, sino que el concepto está ligado a estereotipos, creencias y prejuicios, la cuestión no radica en “separase” sino en distanciarse probablemente un metro, de forma tal que ambos estén cómodos en su propio espacio. Cada pareja tiene sus particularidades y cada persona sus hábitos, lo más adecuado será el diálogo franco para que nadie resulte herido ya que es una decisión que deben tomar ambos integrantes, tal vez sea una opción hasta ahora inexplorada que deriva en gratas sorpresas, reencuentros, nuevos deseos, rostros descansados y una mejor convivencia. Chris Alford, investigador sostiene que “el sueño es una necesidad básica y vital del ser humano”, el mal dormir tiene efectos perjudiciales para la salud y para el bienestar emocional.

Si tenemos en cuenta que matrimonios emblemáticos del cine y de la literatura durante años durmieron en camas separadas y celebraron bodas de oro tal vez no aceche el fantasma del fracaso o la separación, sino que luego de un descanso reparador el desayuno los sorprenda lejos de los reproches; Pablo Neruda lo escribió magistralmente: “me gusta cuando duermes porque estás como ausente, y mi voz no se oye y mis besos no te tocan, porque estás en otro mundo distante, incoherente. Y me gusta mirarte cuando estás dormido, y solo yo sé lo que pienso y callo contigo en tu sueño”.

Twitter: @guillerizzo