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- Cuerpo & Alma -

Ansiedad al límite: cuando el miedo lo tiñe todo

21 de octubre de 2016

Por Mira Fricke (especial de la agencia DPA)

Jennifer Bauer estaba sola de vacaciones en el extranjero cuando, de repente, comenzó a dolerle un diente. Estaba desesperada. Sus pensamientos comenzaron a agolparse salvajemente, el miedo por su salud iba en aumento: “En algún momento me convencí de que se me iba a caer el diente”, recuerda. La mujer de 31 años afirma que siempre fue miedosa. Sin embargo, retrospectivamente, considera esta incidente como el inicio de su enfermedad.

El trastorno de ansiedad generalizada es uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes, junto a las fobias. Alrededor del cinco por ciento de la población sufre al menos una vez en su vida temores generalizados. Los afectados suelen preocuparse mucho por sus familiares o personas cercanas. Tienen miedo de que les pase algo, como un accidente de automóvil, exagerando mucho las posibilidades estadísticas de que algo así suceda.

El miedo por la salud de uno mismo también puede formar parte de esa espiral de preocupaciones. Muchas veces los afectados llegan a sentir síntomas físicos, como sudor, temblores o palpitaciones.

De acuerdo con los psicólogos, hacia los 30 años las responsabilidades aumentan: casamiento, hijos, profesión. Especialmente las personas muy responsables con problemas de autoestima creen entonces que no podrán hacer frente a todas esas exigencias y reaccionan con preocupaciones y temores.

Tener miedos y preocupaciones es normal. Pero hasta cierto punto. Si influyen en la rutina diaria se vuelven enfermizos y no sólo perjudican a los afectados, sino también a su entorno, ya que los familiares suelen recibir, por ejemplo, numerosos llamados de la persona afectada para ver si están bien. Muchas personas viven esto como una forma de control y las irrita.

Para muchas de las personas que padecen este tipo de trastorno, planear minuciosamente la rutina diaria es un remedio efectivo pero también agotador. ¿Por qué? Porque quien no se detiene un minuto tampoco tiene tiempo para preocuparse. En casos extremos, hay incluso personas que recitan interiormente versos para no poder pensar en otra cosa.

A Jennifer Bauer también la intranquiliza no tener nada que hacer. Por eso habla mucho por teléfono en su tiempo libre. Cuando hace tres años perdió el trabajo, quedó expuesta a sus miedos durante todo el día. Poco tiempo después comenzó a recibir tratamiento en una clínica. “El periodo entre la pérdida de mi empleo y mi estadía en la clínica fue el peor de mi vida”, dice hoy día.

En general, los trastornos de ansiedad pueden tratarse efectivamente. La primera elección suelen ser las terapias conductistas. De acuerdo con los especialistas, hay estudios que han indicado que, incluso diez años después, las posibilidades de tener una recaída son escasas. En este tipo de terapias los afectados aprenden estrategias para lidiar con sus temores.

Jennifer, después de haber estado internadaen la clínica, pasó a un tratamiento psicoterapéutico. Aún tiene dificultades para aceptar las complicaciones de su trastorno de ansiedad y para hablar abiertamente de sus problemas. Se siente disminuida y vive como un estigma el hecho de tener un problema psíquico. Pero saber que no está sola en su enfermedad le da fuerzas. “Trato de no esconder más la enfermedad bajo la alfombra y decirme que es una enfermedad como cualquier otra. A otros les toca tener diabetes”.