Rouge

Rouge

- Actualidad, Cuerpo & Alma -

¿Celoso de un bebé? Cuando la pareja “se agranda”

6 de octubre de 2016

Por Bettina Levecke (especial de la agencia DPA)

Salir al cine, quedarse por la noche conversando en el sofá, cenar con amigos… Cuando nace un niño muchos de los rituales de una pareja desaparecen y la nueva situación pasa a ser un verdadero desafío para muchísimos padres jóvenes. ¿Por qué? Por motivos obvios: todos hemos escuchado hablar de lo mucho que cambia la vida de una pareja cuando llega el primer hijo, pero sólo llegamos a comprender cabalmente el sentido de la afirmación cuando nos encontramos en esa situación.

Dentro de esos cambios y del proceso de readaptación, bien pueden aparecer algunos celos en la pareja. Ese sentimiento a veces incluso se abre paso durante el embarazo, cuando la mujer vive algo totalmente nuevo y está muy centrada en sí misma. Durante esa fase, su pareja puede llegar a sentirse algo descuidada.

En la mayoría de los casos, los hombres saben “atajarse” y reconocen que los celos son muy irracionales y a la vez injustos hacia su compañera, que también está viviendo una fase de cambios muy importantes. Lo primordial en estas situaciones es hablar lo más posible, porque los celos también pueden ser un síntoma de la inseguridad que generan esos cambios en los dos.

Al nacer el bebé, la situación vuelve a ser istinta. La madre, de por sí, debe concentrarse en el niño por el simple hecho de que le exige muchísimo a nivel físico, y a eso se suma que en las semanas después del parto la frecuencia de las relaciones sexuales cae drásticamente, si es que no desaparecen, porque las mujeres, al estar 24 horas al servicio de un bebé, están más que agotadas.

Si bien es difícil prevenir muchos de los cambios, para la pareja puede ser muy útil ir a un curso que les dé herramientas para estar mejor preparados. ¿Cómo cambiarán nuestros roles? ¿Qué nos espera? Los hombres que se anticipan un poco a esta situación suelen resolverla mejor y, a su vez, también es bueno que las mujeres estén atentas e incluyan a su pareja siempre que puedan en las tareas cotidianas, porque cuanto más tiempo pase el padre con su hijo, mayor será su sensación de ser una pieza fundamental en el rompecabezas y menores serán esas sensaciones tan extrañas de celos indefinidos.

Además, aunque parezca muy tonto estar celoso de su propio hijo, lo fundamental es hablarlo, porque de ese modo se pueden aclarar muchas cosas. Así lo recomiendan los terapeutas de familia.

La especialista Gabriela Aigner opina que si una madre está las 24 horas del día pensando en su hijo, sus parejas tienen derecho de pedirles que el asunto tenga un límite. “Una familia feliz necesita de padres felices. Es importante que la pareja como tal sepa generarse sus propios espacios”, advierte.

Todos suelen recomendar que la pareja se reserve al menos una noche por semana para salir sin su retoño.

Además, los celos dentro del núcleo familiar no son sólo una cuestión que se da ante un recién nacido. A veces cuando los hijos más grandes buscan el consuelo exclusivo de la madre o comparten sus secretos únicamente con el padre hacen sentir a una de las partes incómodas o incluso tristes.

En esos casos, es bueno reflexionar por qué la situación es así. ¿El otro es más comprensivo o será sólo porque ha podido pasar más tiempo libre con el hijo? Diferenciando los motivos, uno puede cambiar sus comportamientos para generar un mayor acercamiento.

De todos modos, es totalmente normal que los hijos tengan etapas en las que se sientan más cerca de una de las partes y que eso luego cambie. Lo importante es que ninguno de los padres asuma un papel “negativo” a largo plazo y que el otro progenitor pase a ser el que permita todo. Ese tipo de roles fijos puede resultar muy frustrantes para todos.