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¿Dónde están los caballeros?

24 de julio de 2016

Por Guillermina Rizzo.

Mientras Claudia guarda los tules del vestido de novia que no llegó a estrenar, entre lágrima y lágrima decide invitar a sus amigas a un viaje “sanador”, el dinero ahorrado durante años para la boda suspendida días previos a la fecha tan esperada, le da la posibilidad de emprender unas vacaciones, máxime si se transitó una historia decepcionante.

Impensado resulta que el toilette del aeropuerto con sus clásicos carteles de “damas y caballeros” señalando los sanitarios, genere un debate que se mantendría durante todo el periplo, pero lo cierto es que “ese letrero” despliega interrogantes: ¿Hombres eran los de antes? ¿No hay hombres? ¿Ya no quedan caballeros?

De acuerdo a la definición de la Real Academia Española caballero es un adjetivo proveniente del latín caballarius: ‘el que cabalga’; concepto empleado antiguamente para designar a guerreros que escoltaban a los reyes o señores feudales; además era un título recibido por un hombre de linaje noble que se destacaba por sus buenas acciones, y luego del siglo XV se le otorgó a civiles como condecoración de sus actos a favor de la comunidad. Posteriormente se califica como caballero a todo hombre que reverenciaba o dispensaba un trato galante a la mujer.

Con o sin caballo, los hombres comprenden la mitad de la población, si bien las mujeres han conquistado espacios, derechos y sin pretender que durante una caminata le cedan el interior de la calle pues ya no circulan carruajes que salpiquen sus vestidos, lo cierto es que “hombres existen”, pero tal vez para algunos la caballerosidad es un arcaísmo y como tal perdió vigencia. Sin embargo, ceder el paso en un cruce sin importar el género, conceder el asiento en el trasporte público a una persona mayor, ayudar a una mujer cuando va muy cargada, son gestos de amabilidad recibidos con beneplácito por cualquier persona; tildar a una mujer de materialista porque sucumbe ante un regalo es desconocer que las féminas disfrutan cuando le abren la puerta de un automóvil, le facilitan un abrigo en caso de tener frío, o recuerdan fechas y lugares significativos; la caballerosidad es una forma de ser y actuar entre familiares y amigos, con la pareja y porque no en el ámbito laboral.

Si bien en toda relación humana la responsabilidad debiera ser compartida, decir que los hombres galantes son “una especie en extinción”, implica ahondar necesariamente en el comportamiento de las mujeres, puesto que fundadas en ciertas ideas, son ellas quienes a veces rechazan la caballerosidad porque las torna débiles o inseguras; o enuncian como requisito ineludible al momento de encontrar un compañero que “tenga gestos gentiles” para luego y bajo un ataque de inconformismo descartar “al caballero” porque la abundancia de detalles empalaga, o en el peor de los casos excesiva galantería hasta pone en duda la condición sexual.

Acciones que implican el cuidado y bienestar del otro, detalles combinados con la cortesía, actitudes románticas son cuestiones ligadas a la educación, la cultura, al estilo de crianza recibida y a los valores transmitidos, dice el refrán “el hombre que trata a su mujer como princesa es prueba de que fue educado por una reina”; de las actitudes que asume la mujer, las posiciones que adopta y especialmente de lo que desea dependerá que los caballeros queden remitidos a la puerta del toilette o bien que existan; Jorge Luis Borges expresaba que “uno está enamorado cuando se da cuenta que otra persona es única”, y si ese ser tiene además un pañuelo a mano para secar las lágrimas, los caballeros están ahí, solo es cuestión de atreverse a mirar.

Twitter:  @guillerizzo