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- Cuerpo & Alma -

Público, privado, íntimo: ¿límites difusos?

26 de junio de 2016

Por Guillermina Rizzo.

Es habitual encontrar en el ascensor de un edificio carteles con cierta información, el respectivo letrero con la capacidad máxima que soporta o el de la inspección mensual tal cual lo hubiera querido Otis.

Días pasados en el ascensor de mi edificio había un gran letrero escrito por un vecino de forma anónima- víctima, en el que pedía a los moradores de quién sabe cuál de los todos los pisos, en este caso victimarios, que trataran de no emitir “alaridos” en las noches de intimidad porque no dejaban dormir.

En ese corto viaje en ascensor y casi como un flashback recordé a Noah y Allie protagonistas de una escena memorable en el film “Diario de una pasión”, ¿tal vez los ruidosos se habrían entregado al desenfreno? Las imágenes se sucedían como un collage y vino a mi mente Hana la enfermera de “El paciente inglés”, ¿quién no podía dormir sería alguien que va a trabajar con los primeros rayos de sol? El “pip” que debía bajar en el piso me saca de la historia del cine y me pregunto ¿cuáles son los límites entre lo público, lo privado y lo íntimo?

El ser humano tiene tres escenarios posibles de actuación, pero en los últimos tiempos y como por arte de magia pareciera que los límites se desdibujan, se corren o diluyen. Un recorrido por el diccionario explica que público es aquello conocido o sabido por todos, que se hace a la luz y donde todos o muchos tienen posibilidad de percibirlo. Privado hace referencia a lo particular y personal de cada sujeto, aquello que pertenece a particulares y a las acciones que se ejecutan a la vista de pocos sin formalidad ni ceremonia alguna; íntimo es ese espacio reservado, el más interior de lo privado.

Evidentemente son tres espacios a simple vista muy diferenciables y las acciones humanas no son íntimas, privadas o públicas sino que están determinadas por el escenario en que se desarrollan; paralelamente en plena posmodernidad entre medios de comunicación, publicidad y redes sociales las nociones de preservación y exhibición se entremezclan y lo íntimo deja de ser privado para ser contemplado, juzgado, aceptado o rechazado por un público.

Pareciera que George Orwell lo hubiera anunciado, pues la gama se despliega y contempla desde cronistas que siguen a sol y a sombra a algún personaje público para captarlo sin maquillaje hasta aquel que entabla una relación con alguna vedette para ser aún más público; también abarca desde la señora que en la fila del banco narra cómo la trata su marido hasta aquella madre primeriza que relata su trabajo de parto dilatación por minuto en las redes sociales.

Así, entre un deseo cada vez más voraz por conocer la vida del otro y las paredes de ladrillos cada vez más finos que no contribuyen a preservar sonidos, la intimidad es exhibida, televisada, expuesta en redes sociales o denunciada en un ascensor. Así, mientras hay un alarde de lo íntimo que aún hoy es censurado se da también una incitación y una estimulación social a que la hendija para espiar sea cada vez más grande.

La mirada ajena es importante, pero la identidad se construye a partir del proceso que realiza cada uno, de acuerdo al propio estilo y a las posibilidades; y lo íntimo debiera ser espacio de construcción y de refugio, de goce y de lágrimas.

Bajo en el ascensor, el cartel fue retirado; él lleva un traje impecable, su corbata debe ser francesa al igual que su perfume, ella tiene el pelo brillante e irradia felicidad, nada para espiar, todo está a la vista, me acuerdo de Isabel Allende: leo en los ojos que vienen de una noche de amor.

Doctora en Psicología. | Twitter: @guillerizzo