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- Cuerpo & Alma -

Manchas blancas en la piel: el vitiligo es una carga para la psiquis

29 de mayo de 2016

Por Martin Faber  (especial de la agencia DPA)
Bea se miró al espejo hace 28 años y todo era normal, pero esa tarde todo cambiaría para siempre. “Estaba en la calle, montando bici, y de pronto vi que tenía dos manchas blancas, redondas y grandes como una moneda, en la comisura de los labios”, recuerda la alemana de 39 años. Regresó rápido a casa y examinó las manchas con una lupa. “No podía entender por qué habían salido ni por qué no se iban. Estaba muy asustada”, cuenta años después.

Bea Kostrzeba fue al médico y allí el diagnóstico fue claro: era vitiligo.

El vitiligo es una enfermedad que evoluciona de modos muy distintos en cada paciente. El dermatólogo Herbert Kirchesch explica que “en algunos afectados salen manchas reiteradamente, mientras que en otros esas manchas de pronto recuperan su color de piel normal”.

Las primeras suelen aparecer en la zona de los párpados, alrededor de la boca, en las axilas, la ingle o el dorso de la mano. Por lo general, el vitiligo se manifiesta por primera vez entre los 5 y los 12 años o entre los 20 y los 40. Sus causas son en gran parte desconocidas.

“Por un lado, existe la hipótesis de que se trata de una falla en el metabolismo de las células que producen pigmento”, comenta el profesor Michael Sticherling. “Por el otro, podría tratarse de una enfermedad autoinmune”, añade.

Desde el punto de vista médico, el vitiligo es tratado como una enfermedad cosmética. No es contagiosa, no genera dolor y los afectados tienen una expectativa de vida normal.

A veces se recurre a la terapia PUVA, que consiste en aplicar conbaños o cremas el compuesto psoraleno para aumentar la sensibilidad de la piel a la radiación ultravioleta. Luego se aplican rayos UV-A. “Pero la sensibilidad hacia la luz no siempre se puede pautar en la medida justa con el psoraleno, por lo que se pueden producir quemaduras”, advierte el dermatólogo Herbert Kirchesch.

A veces los pacientes se sienten desvalidos y caen en la depresión porque tienen miedo de mostrarse en público, pero eso a largo plazo empeora la situación, porque genera un retraimiento que no tiene buenas consecuencias. En estos casos, es bueno recurrir a la ayuda de un psicoterapeuta.

En el caso de Bea, las manchas se extendieron tanto cuando tenía 21 años que casi todo su rostro estaba blanco. Hoy las manchas sólo ocupan un 25 por ciento de su rostro gracias a la terapia de radiación.

Algunas personas afectadas no temen salir y enseñarse al mundo, como la modelo canadiense Winnie Harlow, famosa a nivel internacional. En cambio a Bea le llevó diez años aceptar sus manchas.

“Yo me sentía horrible, como si fuese un alien”, recuerda. Hasta que un día decidió unirse a un grupo de autoayuda. Hoy admite que “cada mancha que sale genera una recaída, pero hablo abiertamente del vitiligo porque, al fin de cuentas, es algo que no puedo cambiar”.