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Bares y cafés idiomáticos: una nueva forma de aprender

18 de marzo de 2016

Por Andrés Todesca. 

Sandra y Myriam ingresan al bar. Acto seguido, se dirigen a una     mesada al lado de la entrada, encuentran dos stickers de banderas y se los colocan uno en cada hombro. Ya están preparadas para la experiencia que les esperará en la noche. Allí adentro, decenas de personas de distintos países ya están conversando, o bien aguardan con ansias que llegue alguien que hable su misma lengua. Similar escena se repite tres veces por semana en distintos puntos de la Capital: los bares idiomáticos son un paisaje cada vez más habitual en el centro porteño. Así, se presentan como una alternativa frente a las formas tradicionales de practicar un idioma.

La iniciativa de promover un intercambio cultural en un contexto alejado de las aulas se está propagando. Uno de sus principales impulsores es Mundo Lingo, un proyecto que comenzó en 2012 y cautivó tanto a extranjeros como a autóctonos. Su fundador fue Benjamin Moreira, un inglés radicado en el país que buscaba la manera conocer y entender mejor a los argentinos. Fue entonces que empezó a concretar encuentros en bares con personas de cualquier procedencia. El objetivo: enriquecerse culturalmente.

“A cada encuentro acuden entre ciento cincuenta y trescientas personas, dependiendo el día y la temporada”, explica Miguel Raspanti, mánager de la propuesta que ya se implementa no sólo en Buenos Aires, sino también en Londres, Montreal y distintas ciudades de Alemania y Australia. La mitad de los que acuden son argentinos, mientras que la otra parte son extranjeros que están haciendo turismo en el país o bien se encuentran radicados y desean practicar el idioma al ritmo de unos tragos. Respecto del objetivo de esta iniciativa, Raspanti prefiere ser claro: “Apuntamos esencialmente a la práctica del idioma y al encuentro multicultural”. De esta manera, se busca desincentivar los intentos de levante con los que ocasionalmente los jóvenes acuden a estas reuniones.

“Me encanta esta manera de mejorar la forma en que hablo, de paso conozco gente nueva y divertida”, comenta, porrón de cerveza en mano, Astrid, una alemana que está hace un mes recorriendo el país y terminó recalando en el bar. La mayoría de quienes concurren a estos eventos tiene entre 20 y 30 años, y son, casi en su totalidad, estudiantes.

La experiencia Mundo Lingo se mueve semanalmente en tres bares diferentes. Los martes, el evento tiene lugar en Temple Bar, Marcelo T. de Alvear 945; los miércoles se desarrolla en Soria Bar, Gorriti 5151; mientras que los viernes la cita es en Olver’s Club, en Guatemala 4462, Palermo. Todos esos días arranca a las 21 y termina cuando los últimos vasos se vacían. Ahora también existe una nueva sede en La Plata: en el bar El Refugio (Diagonal 74 N°2168) se puede compartir todos los martes a partir de las 19 esta experiencia.

Tiempo de hablar

No sólo los bares hoy son puntos de encuentros pluriculturales. En Capital existe otra iniciativa, pero a la luz del día. Se llama Talktime y, a diferencia de Mundo Lingo, tiene un estilo más cercano al del café literario. La propuesta consisten en reunirse en cafés o, incluso, heladerías, y debatir puntualmente sobre un tema específico.

Talktime surgió en 2001 en la localidad de Ingeniero Maschwitz y fue fundada por Felipe Fliess, un argentino que vivió muchos años en París, en donde indudablemente se contagió por la pasión de los cafés literarios. Tras viajar por el mundo, decidió volver al país y diseñó esta modalidad de encuentros espontáneos. Primero empezó sólo con el inglés, pero luego se expandió al francés, al alemán y al italiano. Actualmente se practica en doce puntos de Capital y el Conurbano (Palermo, Recoleta, Microcentro, Castelar, Almagro, Flores, Belgrano, Villa Devoto, San Isidro, Martínez, Olivos y La Plata) y en otras cuatro ciudades del país (Córdoba, Bahía Blanca, Santa Fe y Mar del Plata).

Para poder concurrir, los talktimers deben solicitar un “cupo” y esperar la confirmación de su pedido. Asimismo, es más rígido en cuanto a las reglas: Talktime se maneja con un detallado decálogo con reglas muy curiosas: se puede preservar el anonimato durante la charla, no están bien vistas las preguntas personales a los asistentes y el uso del cigarrillo sólo se permite “si es consentido por los demás integrantes”.

La práctica de los idiomas hoy tiene menos olor a manual y más aroma a café y otros tragos.

(*) Especial para Pefil.com | Twitter: @atodesca