Rouge

Rouge

- Actualidad -

Cómo aprovechar las vacaciones para disfrutar con los más chicos

5 de enero de 2016

Llega el momento del año en el que la mayoría de las familias hacen una pausa de las actividades rutinarias. Para muchos padres es el momento ideal para disfrutar al máximo de los hijos.

En algunos países se aplican con éxito programas de reducción del estrés basados en Mindfulness- Atención Plena, a cargo del  Dr. Jon Kabbat Zinn, quien define a la atención plena como la “regulación intencionada de la atención momento a momento.”

Existe evidencia científica que demuestra que la práctica de la Atención Plena ayuda a potenciar la salud física, mental, y la relación interpersonal al proporciona niveles de bienestar interior, equilibrio mental, claridad de ideas y mejora del rendimiento.

La atención plena consiste en prestar atención a lo que ocurre en cada instante que se vive. También implica prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior (pensamientos, emociones y sentimientos), dándole una mayor comprensión de lo que sucede a uno.

Pero, ¿cómo aprovechar estas vacaciones para comenzar a conectarnos con lo más valioso que tenemos como padres? Esto es algo que se ejercita de a poco, al cultivar la paciencia y acompañar el proceso. Es posible incorporarlo luego a las rutinas más agitadas. Si lo podemos comprobar por nosotros mismos y ser conscientes del impacto emocional que tiene en nuestra vida y en la de nuestro hijo, rápidamente podremos incluirlo en nuestro modo de vida regalándonos bienestar.

Guía de actividades para lograr un tiempo de calidad emocional con los más chicos.

– Disponerse para un rato de calidad: Despojarse por unos minutos de todos los dispositivos tecnológicos (celular, computadora, TV, etc.), para sentarse junto al hijo.

– Observar el paisaje, detenerse en cada aspecto que nos regala la naturaleza, y aprovechar al máximo el sitio en el que nos encontramos de vacaciones. Seguramente habrá en el entorno sonidos, colores, plantas o vistas que no son habituales o, si lo son, poder ampliar la forma de observar seguramente hará la diferencia.

– Al momento de compartir una comida, una actividad posible es charlar con el hijo sobre el recorrido que hacen los alimentos (de a uno por vez) desde su origen hasta que llegan a la mesa. Es fundamental no intervenir y escuchar muy atento lo que cada uno dice.

– Plantear un “juego de los sentidos”, que consta en elegir un sentido (tacto, olfato, gusto, audición, vista) y enfocar la atención en él, intentando no valerse de los otros sentidos para centralizar la atención en uno por vez. Por ejemplo, oír los sonidos con los ojos cerrados e identificar su procedencia.

– Realizar un paseo con la consigna de oler, mirar, tocar lo que el camino muestra y luego compartir lo que cada uno observó.

– Jugar con los niños como si uno fuera un niño: esto muchas veces es lo más difícil. Se debe a que algunos padres sienten la necesidad de “educar” constantemente teniendo dificultades para fluir por un momento en el juego del menor. Pero ellos, entienden mejor que nadie el encuadre del juego. Solo se trata de fluir y pasar un rato descontracturado.

– Pintar mandalas: colorear mandalas es una de las meditaciones activas que más se han difundido en los últimos años. Muchas escuelas han incorporado esta simple actividad que tiene amplios beneficios a la hora de relajar tensiones, enfocar la concentración y conectarse con el interior a través del trazado de colores y formas. Esta actividad puede ser realmente placentera si se acompaña de música tranquila.

Fuente:  Instituto Sincronía | Especialistas en estrés, ansiedad y emociones / Lic. Lic. Julieta Tojeiro