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- Cuerpo & Alma -

Por qué un bebé es como un pequeño astronauta

11 de junio de 2015

Por José César Martínez (*)

Antes de nacer, el bebé vive una vida muy distinta de la que desarrollará una vez nacido. La falta de gravedad es total, por lo que el niño cambia constantemente de posiciones. Cuando pequeño, puede estar cabeza abajo, cabeza arriba, de costado, colgándose del cordón umbilical y dando vueltas carnero. Al tercer mes pesa más o menos 90 g, mide 8 cm, y ya está totalmente completo y diferenciado. Tiene mucho espacio dentro del útero, por lo que su movimiento es casi constante, pero gran parte de esta actividad antes del cuarto mes no es captada por la madre. Esto es lo que dicen los libros y lo que repetimos los médicos, y con tanta seguridad lo hacemos, que las hemos convencido. Cuando a una madre se le pregunta cuándo sintió a su bebé, obedientemente responde: alrededor del cuarto mes. Yo estoy convencido, y muchas de ustedes me lo han confirmado, de que mucho, pero mucho antes, han sentido vida en su interior. Algunas lo describen como burbujitas; otras, como un pequeño pescadito deslizándose; algunas, como “algo” extraño que no podrían describir, pero que las hace sentirse ya en contacto, ya en comunicación con su bebé.

Esto es bueno, es muy bueno que un elemento claramente favorecedor del goce de la maternidad como es sentir vida en su interior, comience pronto; muy pronto, mucho antes de lo clásicamente descrito. Pero, a medida que el bebé crece y ocupa mayor espacio dentro del útero, sus movimientos van a disminuir. La temperatura en el útero es ideal y constante, y dentro de su cápsula espacial el bebé está protegido de las infecciones. Tampoco siente hambre, ya que es alimentado por vía endovenosa a través de la placenta. El niño, bien protegido y caliente dentro del útero, está lleno de vida y actividad, nada y se sumerge, da vueltas carnero, se cuelga del cordón umbilical; debido a la gran fl exibilidad de sus articulaciones y a su marcada elasticidad, se comporta como un verdadero acróbata, que puede colocarse en posiciones que serían casi imposibles de imitar. El movimiento de su musculatura y sus articulaciones permite un desarrollo y una flexibilidad de su cuerpo que le resultarán fundamentales para su vida extrauterina. Cuando el bebé no está nadando o haciendo ejercicios, suele dormir, de la misma forma en que lo hará después de nacer.

En los momentos en que está despierto, se pone a explorar su propio y pequeño mundo. Ese mundo que no es oscuro ni silencioso como siempre se sugirió. Su madre lo acuna con sus movimientos, su ritmo cardíaco es casi parte de su música funcional y su voz le será, una vez nacido, un recuerdo muy positivo de su vida intrauterina.

En el útero hay gran variedad de sonidos: el continuado golpeteo del corazón materno, el periódico retumbar de los ruidos de origen gastrointestinal. Cuando el intestino trabaja en el proceso de la digestión, las bebidas gaseosas producen verdaderos estruendos. La voz de su madre es también su acompañante habitual y después de nacer rápidamente la reconocerá por los sonidos que ella emite, mucho antes de que la pueda identificar por sus rasgos faciales. El bebé en el útero puede abrir y cerrar los ojos y es capaz de ver. La luz que le llega es muy tenue, pero, en los momentos en los que el abdomen de su madre recibe intensa iluminación solar, este estímulo será percibido por el niño, que responderá con movimientos. Las investigaciones suponen que en esos momentos el bebé verá todo de color anaranjado. Mientras están en el útero, los bebés aprenden mucho sobre compás y ritmo. El sonido más familiar es el acompasado y rítmico latir del corazón de su madre.

Esto explica por qué muchas veces el recién nacido se calma al levantarlo su madre y cuando ella lo abraza contra su pecho: está escuchando la tranquilizadora melodía que escuchaba durante su placentera y maravillosa vida intrauterina.

Existen experiencias que han demostrado que si se graba el sonido del corazón de la madre para colocarlo en la cuna cuando el bebé está molesto o llora desconsolado, se produce de inmediato una respuesta tranquilizadora: el bebé se relaja, deja de llorar y se duerme.

* Autor del libro ‘El increíble universo del recién nacido’ de Editorial El Ateneo.
El increíble universo del recién nacido presenta su octava edición con numerosas reimpresiones a lo largo de estos 25 años que ya cumplió este libro del Dr. Jorge César Martínez. Desde hace más de 10 años desarrolla en la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador un programa de medicina preventiva diseñado para padres y futuros padres