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Cómo se hizo el vestuario de Cenicienta

12 de febrero de 2015

Sesenta y cinco años después de que Walt Disney estrenó la película de animación de Cenicienta, el cuento de hadas vuelve al cine como un film con actores en vivo y 100% romance. Para el vestuario de la producción dirigida por Kenneth Branagh, la diseñadora Sandy Powell se inspiró en la moda del siglo 19 y en la década de 1950.

Sandy Powell ganó el Oscar en tres ocasiones y para la remake de Cenicienta pensó en trajes coloridos pero creíbles, del mundo real. Entre los vestidos confeccionados para la película, se encuentra uno que llevó más de 550 horas de trabajo, además de ocho pares de zapatos realizados en cristal Swarovski que nunca fueron usados en el pie de la actriz.

Cuenta la diseñadora que crear el vestido de la boda de Cenicienta con el Príncipe fue un desafío: debía hacer una pieza que estuviera a la altura del increíble vestido azul con el que asiste al baile, pero que fuera totalmente diferente.

Para empezar, eligió una silueta clásica: corset ajustadísimo y falda con cola en un tono marfil. A esta base le agregó mangas transparentes con estampado de flores para mostrar lo simple, bondadoso e inocente de la princesa.

Durante un mes, un equipo de modistas se ocupó de cortar y coser el vestido. Una vez terminado, se envió a un grupo de artistas que pintaron las flores a mano. En total, la prenda fue realizada por 16 personas en 550 horas. Lamentablemente, después de tanto trabajo la pieza se arruinó quemada por un dispositivo eléctrico que tenía cerca. Una desgracia. La parte superior terminó completamente incendiada y tuvo que hacerse nuevamente en tiempo récord.

Inspirada en su antecesor, Powell pensó en el vestido del baile como una prenda voluminosa que pudiera lucirse en el baile y en el momento en el que escapa por la escalera. La falda se compuso con más de una docena de capas finas de distintos tejidos: seda, poliéster y nylon en diferentes tonos de azul y turquesa. Para evitar desastres, se crearon nueve versiones del vestido cada una con más de 270 metros de tela y 10 mil cristales Swarovski. Confeccionar cada vestido implicó el trabajo de 18 sastres y 500 horas por cada uno.

Pero si los vestidos constituían un verdadero desafío, los zapatos exigían una dedicación mayor que el resto debido a su importancia en la historia. En vez de usar vidrio, se usó un modelo con taco hecho de basado en un zapato de la década de 1890. Se eligió cristal y no vidrio para los zapatos brillaran en la pantalla. A pesar de que se confeccionaron ocho pares, la actriz no los usó nunca debido a que el cristal no se mueve. Es decir, la aparición de los zapatos en escena se hizo a través del departamento de efectos visuales casi como un hada madrina tecnlógica.