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La revolución de Chanel

1 de octubre de 2014

Karl Lagerfeld convirtió al desfile de Chanel en una manifestación femenista con prendas cómodas, tacos bajos, megáfonos y pancartas de protesta.

Quizás pueda parecer oportunista considerando que durante estas últimas semanas el feminismo viene apareciendo con cierta frecuencia en las noticias: la semana pasada fue el discurso de Emma Watson en la ONU y hace unos días el tema del hackeo de fotos privadas de algunas actrices y modelos derivó en una discusión acerca del ataque hacia las mujeres.

A favor de Chanel hay que decir que las colecciones y sus desfiles se preparan con meses de anticipación. Y más a favor todavía es que Karl Lagerfeld se caracteriza en pensar este tipo de shows sobre la pasarela, por un lado, claro, porque se asegura que sus prendas darán que hablar a los medios y, por otro, porque es un artista con la capacidad de percibir lo que está en el aire. Así como fue quien puso de moda el estilo sport chic incorporando el calzado deportivo a los looks de alta costura, una verdadera revolución en la moda que llegó para resolver el eterno conflicto entre la elegancia y la comodidad, hoy, el Kaiser profundizó esa misma línea con no sólo diseños amables y aptos para todos los cuerpos, sino con un desfile al que convirtió en una manifestación a favor de los derechos de la mujer con pancartas y megáfonos.

Encabezada por Cara Delevingne, la preferida de Lagerfeld, y con la presencia de modelos tops de otras épocas como Gisele Bundchen y Caroline de Maigret, la protesta-desfile se realizó en el Grand Palais convertido en esta ocasión en una calle parisina denominada Boulevard Chanel. Por allí, desfilaron una colección primavera-verano 2015 caracterizada por la amabilidad de chaquetas holgadas, pantalones anchos, faldas cortas pero no imposibles y zapatos tipo mocasión de taco bajo. Un regreso a las bases fundadoras de Coco: «Me gusta la idea de la moda en la calle y de cómo hacerlo más terrenal. Yo solo quería crear prendas caras como si fueran sencillas y baratas. Esto es un callejero chic», dijo Lagerfeld.

Dicen que el marketing de la moda ha transformado al femenismo en un fenómeno cool que aumenta las ventas. Algo de verdad hay en la afirmación. «Hacé la moda y no la guerra», «En Chanel todos los días son el de la mujer, «creá tu propio estilo» o «Los derechos de las mujeres son más que buenos» son frases quizás demasiado inocentes que banalizan el discurso femenista, que frivolizan la reivindicación de la mujer. Sin embargo, una vez más a favor de Lagerfeld, la presentada fue una colección coherente con el espíritu de la puesta en escena: por un lado, no hubo tacos altos, escotes ni ajustados imposibles y, por otro, sobre todo, si hay algo que distingue a Chanel es la calidad de cada una de sus prendas y el trabajo creativo de diseño y el artesanal de confección. Se trata de una diferencia esencial respecto de, por ejemplo, algunas marcas argentinas que dicen preocuparse por la mujer y después presentan una temporada de prendas copiadas.

Y sí, es cierto que el show de Lagerfeld quizás no sea la bisagra del femenismo, pero no deja de ser un medio de difusión de ideas que si son buenas, mucho mejor.

Un pensamiento en “La revolución de Chanel”

  1. La idea de la manifestación/desfile tiene 8 meses, y debo decir que atribuyo la coincidencia con días agitados en París, con huelgas y marchas a la intuición que tienen todos los artistas que huelen en el aire los movimientos y las tendencias. El Grand Palais estaba divino recreando un boulevard pero la colección no me gustó demasiado, estaba muy lejos y desde mi lugar fue más vistoso el show que la ropa que apenas distinguía.

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