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- Cuerpo & Alma -

La bruja en Rapunzel, o el arte del boicot

23 de marzo de 2013

Mercedes Carreira (*)

Cuando leo los cuentos de hadas y sus tramas inverosímiles, ya no lo hago con la mirada cándida de un niño, sino con el enfoque crítico de un adulto. Este cambio de perspectiva me condujo a un hallazgo: puedo verme reflejada en sus personajes. Las historias son un indiscutible espejo real y al mismo tiempo enigmático de mi existencia y de mi vida emocional, mental y espiritual.

Si su mensaje simbólico es interpretado y ampliado se encuentran repuestas a preguntas que permiten iluminar la conciencia. Seres como Madre Gothel, la bruja perversa y desalmada del cuento Rapunzel, a quien habría que temerle y padecer sus infamias sin ningún atenuante, muestra otra arista.

La pequeña Rapunzel está encerrada en una torre y sufre la crueldad y el desamor de Madre Gothel, originados en el día en que su padre le robó a la bruja unos frutos de su huerta -en la versión original, no la adaptación de Disney-. Su incomprensible odio llega al extremo de impedirle todo contacto con el mundo exterior.

Madre Gothel encarna el arquetipo de la sombra (los propios impulsos “despreciables” y no reconocidos, según Jung). ¿Quién diría, por aterrador que parezca, que esa bruja –sin importar el ropaje que vista o la careta que lleve- es reflejo de nuestras propias pasiones? Egoísmo, ira, celos, apego, crueldad, miedos, inseguridades, violencia en todas sus formas, están en cada uno de nosotros. Son patrimonio del hombre-animal, al que el hombre-individuo le es difícil dominar y sojuzgar.

A nosotros, los lectores, proyectar la “propia sombra” en personajes oscuros y terribles pero “de papel”, nos permite exorcizar la parte oscura que habita en nuestro infierno interior y que es tan difícil de reconocer en uno mismo. Esta bruja-sombra no está afuera, la tenemos incorporada. Es la que nos mantiene encerradas, alimenta nuestros miedos, nos obstaculiza el camino y nos boicotea cada vez que deseamos iniciar un proyecto, hacer un cambio, animarnos a ser innovadoras, dar un salto al vacío…

Querer salir de la torre tiene un profundo sentido oculto o inconsciente, es más que la expresión de deseos de ser libre. Es la revelación de una verdad primordial, que no anida fuera de Rapunzel, sino dentro de ella. Por un lado, está el deseo de desprenderse del dominio castrador de la bruja; por otro, la bruja (su bruja-sombra) le impide realizarlo.

A pesar de la maldad innata de la bruja, de su necesidad de venganza y los infortunios que le acarrea a su cautiva, sabemos que Rapunzel logrará vencer al mal: la tolerancia ante las dificultades y la frustración, sirve para adquirir un bien más preciado, el triunfo sobre ella misma, sobre su bruja-sombra interna.

Como cualquier bruja, ésta tiene aspecto aterrador, pero sentimos cierta fascinación y un poco de excitación ante sus fechorías: lo que está en juego es una faceta nuestra. Aliviados por esa transferencia, después aplaudimos el triunfo de Rapunzel sobre esa fuerza subterránea que nos socava. La bruja es vencida. Desde la perspectiva psicológica, se consigue integrar en el psiquismo los aspectos oscuros y luminosos.

Si bien el final feliz nos tranquiliza, surgen preguntas: ¿Cuál o cuáles son mis brujas? ¿Qué es lo que me mantiene encerrada? ¿Cuáles son los miedos que me impiden avanzar en el mundo? ¿Qué aspecto “despreciable” no acepto? ¿Es él el que me pone piedras en el camino? ¿La envidia o los celos que no reconozco, me restan energías para hacer algo positivo con mi vida? ¿Sí esas brujas internas y oscuras son tan crueles, soy tan cruel conmigo misma? ¿…? ¿…? ¿…? Y cada lectora podrá sumar sus propios interrogantes.

Explorar los cuentos desde una perspectiva simbólica, lleva encontrar verdades profundas en imágenes aparentemente simples y conocidas, como una bruja.

*Coordinadora de los Talleres de Escritura y Autoconocimiento “Había una vez…” y Coach literario.