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Mandatos familiares: “Te pareces a tu mamá”

25 de diciembre de 2012

Por Elsa E. Álvarez (*)

Los mandatos condicionan nuestro desarrollo, porque nos dicen qué esta bien y qué mal y cómo debemos actuar en cada circunstancia de nuestras vidas. Nos muestran y nos guían en el camino a seguir y como toda guía, nos da estructura que a su vez nos limita ya que nos impone formas rígidas y predeterminadas de quien ser, cómo actuar y eso nos resta autonomía y poder personal.

Antes de hablar de mandatos quisiera hablar de un concepto mucho más abarcativo: el Argumento. Este es un plan de vida no conciente originado en aspectos irracionales intergeneracionales, transmitidos en forma no conciente a través del Alma o Conciencia Familiar. Completada y particularizada con las expectativas del sistema actual, se enseña y aprende principalmente en forma no verbal en los primeros años y se reactiva en la adultez.

Este nos proporciona una guía acerca de cómo serán los que nos rodeen y que vínculos tendremos, quienes seremos nosotros y cuál es nuestra misión en este mundo. ¿Por qué los cumplimos?

Los mandatos son originados en la fuerza intergeneracional que se ven potencializados y particularizados por las creencias, exigencias y expectativas de la familia actual. Cada uno de estos atributos que uno dice o piensa a cerca de su descendiente esta influenciando y condicionando su futuro.

Estos atributos tienen su origen en creencias culturales particularizadas en cada grupo familiar, entendiendo por este a la familia comprendida hasta 7 generaciones anteriores.

Al nacer este hijo ocupará un lugar en el grupo familiar como si fuera una pieza de un rompe cabezas, ya que la familia es un sistema donde el rol de cada uno esta en función y relación con el resto.

A ese árbol familiar le es “funcional” que ese nuevo miembro ocupe ese lugar. Por lo tanto, reconocerá y le dará todos los premios (generalmente reconocimiento por medio del afecto) que sean necesarios para que ese nuevo integrante ocupe el lugar esperado. De esta forma nuestro grupo familiar amplio va moldeando nuestra conducta y va influenciando nuestro camino a seguir.

¿De tal mandato, tal familia? El argumento y los mandatos están siempre en relación a cada familia y al aprendizaje que tiene que hacer ese grupo familiar y sus miembros en esta realidad.

Hay familias que brindan mayores posibilidades de desarrollo a sus miembros, permitiendo que tengamos mas recursos para crecer y desarrollarnos y en cambio, otras que han sufrido a través de diferentes generaciones y que  poseen escasos instrumentos para que podamos salir del torbellinos de mensajes negativos enviados por estas.

Generalmente solemos ser muy leales y obedientes a los mandatos y ordenes recibidas por nuestra familia y ancestros, por lo tanto nos cuesta mucho alejarnos de aquellas formas de actuar de cómo nos criaron y nos dijeron que debe ser la vida. En muchos casos salirse de ese camino puede ser un castigo.

Como toda guía nos protegen y nos dan seguridad pero al mismo tiempo nos limitan y nos prohíben.

En principio es importante poder darnos cuenta de nuestro argumento y de nuestros mandatos no para realizar lo opuesto sino para rever cuales cosas nos convienen y nos gustan y cuales nos parecerían buenas modificar.

“Te pareces a tu mamá”, así que siempre me dedique a hacer lo contrario.  Hacer lo opuesto a lo que quieren nuestros padres es una falsa autonomía ya que para realizar lo opuesto debemos de tener claro el modelo a seguir. Lo importante es rechazar aquello que no nos gusta de nuestros padres y poder tomar aquellas cosas que nos resultan de utilidad.

La autonomía consiste en la elección de lo que esperamos para nosotros mismos y no en hacer lo opuesto a lo que no nos gusta. Nuestro argumento nos lleva a transitar siempre los mismos caminos con aparente diferencia pero igual en su interior. Muchas veces nos encontramos obedeciendo como autómatas todo lo que dicta nuestro argumento y nuestros mandatos.

“No importa cómo lo hayan criado a uno. Lo que determina el modo en que uno hace cualquier cosa es el poder personal. Un hombre no es más que la suma de su poder personal, y esa suma determina cómo vive y cómo muere”, señala Carlos Castaneda.

* Directora del Instituto de Psicología Argentino (INEPA)