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La despedida de la abuela

8 de abril de 2012

Una nueva columna de Carla York.

“Se está despidiendo, y va a empezar a vivir más en el pasado que en el presente”_ había dicho el médico.

Mi abuela materna tiene casi 89 años y se está ausentando poco a poco de la realidad, en un deterioro de orden más mnémico que amenazante, con algún tinte alucinatorio. Ella misma se ríe de las cosas que olvida, inventa relatos para rellenar sus lagunas y me deja más de una vez en el teléfono colgada, porque no recuerda que estaba hablando con alguien.

Ya no reconoce su propia casa, y se ríe cuando le insistimos que es allí donde vive hace muchos años. Mi mamá se encarga con alguna tía de cuidarla algunas noches, de las clásicas discusiones que surgen en estos estadios con los miembros de la familia que no se hacen cargo ahora que se los requiere, y también de hacer ejercitar su mente, con lecturas de la biblia o de alguna vieja carta.

Además, mi abuela está retrocediendo en el tiempo. Ayer desayunó con su mamá en 1965, se fue a dar una vuelta con su hermana fallecida en 1939 mientras daba a luz, y de vez en cuando charla con su marido, fallecido en 1975 antes de que yo naciera, cuando lo confunde con mi tío.

Es muy divertido cuando me cuenta que estuvo charlando con mi abuelo, agregando ella muerta de risa que es muy raro hablar con alguien que está muerto. Como los niños, remixando elementos reales y fantásticos, dándose cuenta de lo irreal del relato, pero contagiando en el ambiente la risa, a pesar de lo dramático de la anécdota.

Más allá de lo doloroso del proceso, sobre todo para mi madre, encuentro que es como siempre en el registro de lo ilusorio donde podemos encontrar esos calmantes y paliativos frente a la devastación de lo real.

Es así que elegimos imaginar lo maravilloso que debe ser, tras duelar y llorar con el paso de los años a todos esos seres amados que se fueron yendo, como ser tu marido, tu madre, tu padre y todos tus hermanos mientras ibas envejeciendo, que de repente la vida te regale el reencuentro cotidiano con ellos; encontrando algo poético de lo que agarrarnos, en medio del derrumbe cognitivo.

Creo honestamente que tras una larga vida plena, íntegra y dedicada a su familia, la recompensa de mi abuela es despedirse rodeada del afecto de los suyos del presente, pero también comenzando a reencontrarse con aquellos del pasado que van apareciendo de a uno a darle la bienvenida, tras estar esperándola desde hace muchos años en algún no lugar.

7 pensamientos en “La despedida de la abuela”

  1. no creo en lo que decis pase diez años con un efermo asi y es lo mas triste que te puede pasar cuando ves que te miran y no te conocen y creen que sos cualquier persona yquierenque te alejes

  2. prosa real y hermosa de la vida nueva que comienza ,como dice …..cacho voy llegando a los ochenta punto y coma de la vida,..por todo lo que he vivido… ,yo no puedo quejar……en realidad habla de 50 años.pero yo tengo setenta y me dicen,locos ellos ..que parezco de 55,ja…te felicito amiga por tu honestidad…un abrazo j.curros

  3. siempre insisto en que, en esos estados, la mejor manera de ayudar al anciano es no tratar de volverlo al presente a la fuerza.
    he visto a mi madre y mi suegra, cada una en su ocasion, pelear con sus ancianas madres para explicarles porque lo que acababan de decir no tenia sentido. y siempre me pregunte… ¿que es lo que tiene menos sentido? ¿su desvario o nuestro esfuerzo por luchar contra el deterioro mental involuntario?

    apoyar sus relatos con amabilidad y paciencia creo que hace esa realidad mas transitable…

  4. Me toco pasar por una situación similar con mi abuela paterna. Es movilizante , mas cuando las despedidas son anunciadas.
    🙂

  5. Tan cierto como triste pero reconfortante lo que decís, Carla. La mente es el último refuguo,la imaginación ese loco lugar donde reencontrar afectos perdidos y las despedidas no son tan amargas cuando uno dio y recibió amor toda la vida.
    me conmovió tu nota. Beso gigante !

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